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Assilem Munguía bis Por el derecho a la libertad de expresión. El clamor ciudadano en Tecate por el asesinato de Assilem Munguía, no se ha dejado de escuchar. La ciudad sigue consternada por este inhumano y cobarde percance y está en espera de resultados por parte de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PJGE). El entorno familiar sabemos que está devastado y el proceso de cicatrización no ha comenzado a desarrollarse. Tendrán que pasar mucho años antes de que, por fin, llegue la tranquilidad a sus padres, hermanos y demás parientes. Estos momentos son de una profunda crisis y la fuerza de voluntad, así como el entorno social son factores de apoyo fundamentales para la recuperación. Sin embargo, lo que les dará la fortaleza necesaria para sobrellevar esta tragedia es, sin duda alguna, la aprehensión del cobarde asesino. Si a la PGJE le interesa este crimen ya deben estar buscando como amarrar las piezas que quedaron disponibles, siguiendo líneas de investigación y desechando lo inservible. Infortunadamente, la capacidad de atención de esta institución es negativa y su eficiencia terminal deja mucho que desear. La salida usual es asegurar que las víctimas eran miembros del crimen organizado y fueron ajusticiados por bandas rivales. Este obviamente, no es el caso de Assilem, pero dada la falta de compromiso de las agencias policíacas en el país, la podrían agregar a esta categoría. La familia Munguía es de las más viejas habitando nuestra ciudad. Son pioneros y han permanecido por décadas viviendo aquí; han entregado profesionistas, técnicos, jóvenes estudiantes y miembros de la clase obrera a la sociedad tecatense. Los que los conocemos desde antaño sabemos quiénes son ellos y cómo se han distinguido durante años. Por eso también nos indigna el trato superficial que se le está dando a este caso. El feminicidio cometido en contra de Assilem va dirigido hacia todas las mujeres. Este caso puede ser un ejemplo para seguir por otros cobardes que lo pueden replicar. Los ataques constantes hacia las mujeres dentro del hogar, en las escuelas y en cualquier espacio social nos muestran la tendencia vigorosa con la cual se hostiga y agrede al género femenino. Las mujeres son fáciles presas de los abusadores que, no teniendo acciones judiciales en su contra, incrementan los golpes y humillaciones sin importarles nada. Esta tendencia criminal debe ser detenida y extirpada de nuestra sociedad. Assilem fue inmovilizada para poderla agredir inmisericordemente. Quien la asesinó tuvo el tiempo necesario para planear el asesinato, la confianza o el temor para posibilitar el secuestro y la cobardía para ensañarse con ella. Después y de manera implacable, tiró el cuerpo de Assilem en un lugar apartado para culminar su pusilanimidad. No le dio la posibilidad de defenderse. No le respetó su derecho a morir con dignidad, prefirió subyugarla y gozar su machismo y supremacía. ¡Ojalá pudiéramos saber quién fue el asesino para hacerlo sufrir esa misma proporción sádica que le aplicó a Assilem! Vale. * El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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