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Columnas Glenn Ford y mi padre

Ecoanálisis

Por Alberto Tapia

Ford (1916-2006) fue un actor de cine de la época dorada de Hollywood. Quizá sea más recordado por Gilda (1948), al lado de Rita Hayworth. Pero con las películas de vaqueros alcanzó fama. Entre estas, la más popular fue Cowboy (1958), con Jack Lemmon. Mi padre, don Alberto Tapia Yáñez (1915-1989) fue un hombre humilde y sencillo que jugó beisbol, fue mecánico, tuvo una gasolinera y fue aficionado a la caza y la pesca. Entonces entre ambos personajes no pudo haber nunca una conexión personal, no obstante, a mi padre le gustaban sus películas de vaqueros. Su favorita era Cimarrón (1960), filmada en un pueblecito del Oeste en Nuevo México, EUA, al que visité en una cacería de berrendo. Glenn Ford filmó más de 40 cintas en EUA más una en México y que fue precisamente el posible punto de convergencia entre él y mi padre: El Mal (Rage, 1966), con Stella Stevens, una rubia despampanante de moda en Hollywood a la que muchos jóvenes de la época admirábamos más que al propio Ford. Esta cinta fue dirigida por Gilberto Gascón y el resto del reparto fue para artistas mexicanos: David Reynoso Armando Silvestre, Ariadna Welter, José Elías Moreno a quien le da la rabia, Dacia González, Valentín Trujillo, y casi, mi hermano Oscar (QPD). Es la historia ficticia de un equipo de trabajadores aislados del Mundo que construyen una carretera y que son contagiados por la rabia. Filmaron una parte en Chihuahua, según recuerdo, y otra por aquí. En la primera parte Ford utiliza un jeep CJ5 de color amarillo y necesitaban otro igual para continuar aquí el rodaje. El jeep amarillo fue el posible punto de convergencia que nunca se dio. El equipo de productores indagó quien tendría un carro similar que rentara para unos días de filmación. Una mañana que mi padre leía su periódico frente a su casa en Bravo # 313, llegaron estas personas y le dijeron que trabajaban para una producción cinematográfica y que querían rentarle su jeep amarillo por uno días y que lo manejaría nada menos que Glenn Ford, el actor favorito de mi padre. No obstante esto, mi padre rechazó la petición. Pero los tercos productores volvieron a la carga esta vez con una nueva estrategia. Le prometieron a Oscar mi hermano (QPD), entonces de 18 años, aparecer en la cinta y una foto de él y Stella Stevens “muy acaramelados” y dedicada por la rubia. Oscar no podía desaprovechar esta oportunidad única de conocer a tan admirado personaje e intentó convencer a mi padre. Después de largos alegatos, con la familia de testigos, mi padre se sostuvo en su NO rotundo. ¿Creen que no sé cómo maneja Ford?, argumentó. Y así, si bien mi padre nunca hubiese montado la cabalgadura de Ford, Ford estuvo a punto de sentarse al volante de su Jeep amarillo, el único objeto que pudo haberlos puesto en contacto el uno con el otro. Cosas de la vida. Fotos en FB. *- El autor es investigador ambiental independiente.

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