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Conciencia Ciudadana

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Reflexión Iniciar un nuevo año es motivo de alegría y de esperanza; es también darnos la oportunidad de reflexionar, pensar cómo va nuestra vida, qué hemos hecho, cómo la estamos viviendo, en qué hemos sido asertivos o en qué nos hemos equivocado, y qué podemos hacer para ser y hacer a otros más felices, mejores personas, mejores hijos de Dios. Es propio del ser humano que cuando todo le va bien, tiene éxito, dinero, todo lo que pudiera desear, no se le ocurre pensar que la vida es tan frágil, que da tantas vueltas y que de repente todo puede perderse. Esto me recuerda la historia de un piloto alemán muy famoso llamado Michael Shumacher, ganador del Grand Prix 1991 y siete veces campeón mundial de Fórmula 1, quien, precisamente en el culmen del éxito, la fama y la felicidad, el 29 de diciembre de 2013 sufrió un terrible accidente de esquí, que cambió completamente su historia y su destino. Hoy, apenas con 44 kilos de peso, lucha para “sobrevivir”; su esposa ha tenido que vender sus bienes para cubrir los gastos y así poder mantenerlo vivo en una habitación adaptada en su casa, donde yace como un vegetal, al tener lesiones neurológicas irreversibles. Cuando suceden estas cosas, nos damos cuenta cómo la vida toma a veces rumbos jamás imaginados, y en un solo instante todo cambia. Nos percatamos que, cuando se pierde la salud, de nada sirven los títulos, la fama, el éxito y el poder. Que la desgracia toca a la puerta, tanto del rico como del pobre, y en esas circunstancias todos somos iguales. Entonces, ¿para qué el orgullo?, ¿para qué la arrogancia?, ¿para qué los apegos a los bienes materiales? Sucede frecuentemente ver familias desunidas, incluso odiándose, por motivo de herencias, negándose a compartir bienes materiales con sus propios hermanos, priorizando lo material al cariño y respeto a los de su propia sangre… ¡Hasta dónde puede llegar la codicia y el egoísmo en el ser humano! Necesitamos cambiar de actitud, recuperar nuestra esencia, dejar de crear problemas, de reclamar cosas insignificantes, creernos más que otros, como tampoco permitir que algo sin valor nos quite la paz. Como en el juego de ajedrez, al final tanto el rey como el peón se guardan en la misma caja. Vale la pena ahora que iniciamos este 2018 examinarnos sobre lo que hemos hecho, agradecer cada día por estar vivos y tener siempre presente: Nacemos sin traer nada y morimos sin llevarnos nada, absolutamente nada. Lo triste es que en el intervalo entre la vida y la muerte, peleamos por lo que no trajimos y aún por lo que no nos llevaremos… ¿Qué nos llevamos? Solamente el bien que hayamos podido hacer. ¿Qué herencia dejaremos? El cariño compartido, el ejemplo de vida, aquello por lo cual seremos recordados. Pensemos en esto, vivamos más, amemos más, perdonemos siempre y seamos más felices. ¡Gracias por leerme, y que de la mano de Dios todos tengamos un año 2018 lleno de amor y bendiciones! *La autora es orientadora familiar.

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