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Columnas COLUMNA HUÉSPED

Columna Huésped

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Un médico, un ingeniero y la historia nuestra Antes de que en Baja California hubiera historiadores profesionales, como David Piñera, hubo profesionistas dedicados a hacer, por puro amor a nuestra entidad, la crónica histórica de la región con los elementos que podían conseguir, con los documentos que podían recabar personalmente. Muchos fueron profesores normalistas, como Julio Rodríguez Barajas, quien falleció este año en Tijuana, y Valdemar Jiménez Solís, quien falleciera en 2017 después de una fructífera trayectoria en Mexicali, mientras que otros fueron ingenieros como Adalberto Walther Meade. Todos ellos vieron su trabajo en el campo de la historia como un deber para la sociedad que tanto les había dado, como una misión para salvar del olvido, hechos, situaciones y personajes de nuestro pasado. Su labor fue heroica en todos los sentidos. Por eso mismo hoy quiero destacar la importancia, en el desarrollo de la comprensión de la historia de Baja California, de dos mexicalenses que, aparte de ser maestros ejemplares, aparte de ser profesionistas reconocidos, aportaron su tiempo, dedicación y esfuerzo en hacer de Baja California y del estudio de nuestra historia regional un tema compartido con sus alumnos y colegas, con el público en general. Hablo, pues, del doctor Francisco Dueñas Montes y del ingeniero civil José G. Valenzuela. El primero era mexicalense nativo, ya que nació en nuestra ciudad cuando era apenas un campamento en 1908 y el segundo mexicalense por adopción, quien llegó a estas tierras ya como todo un profesionista. Pero, como sabemos todos los que vivimos en la capital del estado de Baja California, ser nativo o adoptado viene a ser lo mismo mientras se quieran estas lejanías. Al ingeniero Valenzuela lo conocí por medio de su obra, un libro del que fue coautor y que se estudiaba en la primaria sobre la geografía y las riquezas de nuestra entidad. Este libro fue la primera publicación que leí de niño sobre mi entorno. En pasta dura, fue toda una revelación y el primer atisbo que tuve de la importancia de conocer nuestra región, de sentir orgullo por sus singularidades geográficas, geológicas y biológicas, pero sobre todo me suscitó la curiosidad por nuestras riquezas naturales como un tema a descubrir, como una realidad a conocer. Al doctor Dueñas lo traté brevemente en los años 80 del siglo pasado, cuando desde el segundo piso de la Biblioteca Pública estatal dirigía un instituto de estudios históricos sobre Baja California, que acabó desapareciendo durante el gobierno de Ernesto Ruffo. A veces veía a él y a los integrantes de esta institución del Gobierno del Estado discutir cuestiones históricas locales o me lo encontraba leyendo viejos documentos sobre nuestro pasado. El doctor Dueñas era hombre del sistema político de aquel entonces, hecho para hablar de nuestra historia en cuanta ceremonia cívica se le presentara la ocasión. El periodista Eloy Pedroza, en el Almanaque de Mexicali 1962, dice que siendo hijo nativo de nuestra entidad, a Baja California “ha consagrado su vida y en cuyas actividades y formación en general ha tomado parte principalísima, es una de las personalidades notables del Estado”. Y que, junto con su trabajo como docente y como médico, siempre se preocupó por nuestra región, “por su desarrollo, siendo autor de una obra interesantísima titulada 'Ensayo sobre los problemas agrícolas e industriales del Territorio Norte de la Baja California'”. Si el ingeniero José G. Valenzuela, nacido en Pachuca, Hidalgo, a fines del siglo XIX, se distinguió por su trabajo, como ingeniero civil, en el Distrito de Riego del Río Colorado en la década de los años 40 del siglo XX, entre 1945 y 1959 destacó como miembro de la Comisión Internacional de Límites y Aguas en Mexicali y como un intelectual interesado en la enseñanza de nuestras riquezas a las nuevas generaciones, de tal modo que en 1959 asumió el cargo de Director de Educación Pública del Estado de BC en el gobierno del también ingeniero Eligio Esquivel Méndez y, más tarde, fue un apoyo fundamental para el empuje y consolidación de la UABC. Ambos profesionistas fueron figuras públicas. Mientras Valenzuela trabajó para el Gobierno del Estado, Dueñas llegó a ser diputado de la primera legislatura de nuestra entidad y más tarde senador de la República por Baja California. Ambos se interesaron por nuestra historia y buscaron investigarla, difundirla, darla a conocer en todos los niveles educativos. Sus frutos son los historiadores que hoy trabajan por nuestra región, las nuevas generaciones de bajacalifornianos que hoy la siguen amando. * El autor es escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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