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Que aparezca un arcoíris después de la lluvia parece confirmar la vieja creencia de que el mal clima se fue, pero la ciencia detrás de este fenómeno revela algo que sorprende incluso a quienes creen conocer bien el cielo

Un fenómeno estudiado desde 1637 por el matemático René Descartes revela que la luz sale de cada gota con una desviación de 138 grados respecto a su trayectoria original, un cálculo que la óptica moderna sigue utilizando

Que aparezca un arcoíris después de la lluvia parece confirmar la vieja creencia de que el mal clima se fue, pero la ciencia detrás de este fenómeno revela algo que sorprende incluso a quienes creen conocer bien el cielo

Ver un arcoíris después de un aguacero produce una sensación casi automática de alivio. La creencia es antigua y extendida: si aparece el arco de colores, la lluvia ya se fue. La ciencia respalda parte de esa intuición, aunque con matices importantes.

Para que se forme un arcoíris se necesitan dos condiciones simultáneas: luz solar directa y gotas de agua suspendidas en el aire, ya sea de lluvia, neblina o vapor. Como el arco siempre se observa en el punto opuesto al sol, su aparición suele coincidir con el instante en que la nube que dejó caer el agua comienza a alejarse y el cielo, detrás del observador, se despeja.

El fenómeno tiene una explicación calculada con precisión. En 1637, el filósofo y matemático René Descartes determinó que la luz sale de cada gota con un ángulo aproximado de 138 grados respecto a su trayectoria de entrada, lo que da origen al llamado “ángulo del arcoíris” de 42 grados sobre la línea del horizonte.

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¿Por qué el rojo siempre queda afuera y el violeta adentro?

Cada color del espectro visible se curva de forma distinta al atravesar la gota:

  • Las longitudes de onda más largas, como el rojo, se refractan menos y quedan en el borde exterior del arco
  • Las longitudes de onda más cortas, como el violeta, se curvan más y aparecen en el borde interior
  • Cuando la luz se refleja dos veces dentro de la gota, surge un arcoíris secundario, más tenue y con los colores invertidos

El arcoíris no anuncia el cierre definitivo de la lluvia sobre una región

Ese es el punto donde la creencia popular se queda corta. El arco solo confirma que la nube puntual que generó las gotas visibles ya pasó por encima del observador, no que el sistema meteorológico completo terminó. Otra nube puede llegar minutos después y producir un nuevo episodio de lluvia.

¿Cualquier arco de colores en el cielo es un arcoíris?

No siempre. Especialistas en óptica atmosférica señalan que existen fenómenos similares, como los halos de cristales de hielo, que aparecen cuando hay nubes altas con hielo suspendido y no requieren lluvia previa. A simple vista pueden confundirse, pero responden a procesos físicos distintos.

Aunque desde el suelo el arcoíris se percibe como un semicírculo, en realidad forma un círculo completo; la mitad inferior queda oculta por la línea del horizonte, y solo es visible desde un avión o una zona elevada.

Entender la física detrás del arcoíris no le resta poesía al momento, pero sí ayuda a leer el cielo con más precisión: el arco es una fotografía instantánea de una nube que se va, no un pronóstico del resto del día.

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