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Jefes enfrentan a una Generación Z que acepta saltarse obligaciones laborales y fingir que trabaja: ¿Qué está pasando en las empresas con los jóvenes que están cambiando las reglas del trabajo?

Una encuesta realizada a 2 mil personas de entre 18 y 34 años encontró que el 95% considera aceptable al menos una práctica para evadir o flexibilizar obligaciones laborales, desde salir antes hasta aparentar que trabaja durante un día libre

Jefes enfrentan a una Generación Z que acepta saltarse obligaciones laborales y fingir que trabaja: ¿Qué está pasando en las empresas con los jóvenes que están cambiando las reglas del trabajo?

Llegar tarde sin avisar, salir antes de terminar la jornada, fingir que se está trabajando durante un día libre o presentarse en la oficina solo el tiempo necesario para registrar la asistencia son algunas de las prácticas detectadas entre trabajadores jóvenes de Estados Unidos.

Una encuesta realizada a 2 mil personas de entre 18 y 34 años encontró que 95% considera aceptable al menos una conducta para eludir o flexibilizar una obligación laboral. El dato no significa que 95% incumpla todos sus horarios o responsabilidades, sino que casi la totalidad de los participantes acepta por lo menos una de las prácticas incluidas en el estudio.

La información fue publicada originalmente por TN, con base en un estudio elaborado por PapersOwl. La muestra incluyó a personas de entre 18 y 34 años, por lo que abarca tanto a integrantes de la Generación Z como a jóvenes millennials.

Los resultados muestran un choque cada vez más visible dentro de las empresas. Mientras los jefes mantienen reglas sobre horarios, presencia física y asistencia, una parte de los trabajadores jóvenes da mayor importancia a la flexibilidad laboral, el trabajo remoto y la posibilidad de organizar su tiempo de acuerdo con los resultados que entrega.

¿Qué prácticas laborales aceptan o realizan los jóvenes?

La conducta más común fue la llamada “vacación silenciosa” o quiet vacationing.

Esta práctica consiste en tomarse un día libre sin comunicarlo formalmente a la empresa, mientras el trabajador mantiene la apariencia de que continúa cumpliendo con sus actividades.

De acuerdo con la encuesta, 51% reconoció haberlo hecho hasta tres veces, mientras otro 12% admitió hacerlo con mayor frecuencia.

En conjunto, 63% de los participantes había recurrido a esta práctica.

Para las empresas y sus responsables, el problema no es únicamente la ausencia del trabajador. También puede afectar la coordinación de equipos, la distribución de tareas y el cumplimiento de fechas cuando nadie sabe que una persona no está realmente disponible.

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Ir a la oficina solo por un café también se volvió una práctica común

Otra conducta detectada fue el llamado coffee badging.

El término describe a quienes van a la oficina únicamente para registrar su asistencia, tomar un café o conversar durante unos minutos y después salen para trabajar desde otro lugar.

El 36% de los encuestados reconoció haber realizado esta práctica al menos diez veces durante el último año.

¿Por qué los jóvenes van a la oficina y después se van?

Entre quienes admitieron hacer coffee badging, el 66% aseguró que busca mayor flexibilidad en su jornada laboral.

Otro 41% dijo que trabaja mejor desde otro lugar, mientras el 32% señaló que intenta evitar las interrupciones habituales dentro de la oficina.

Los datos muestran uno de los principales conflictos entre empleados jóvenes y jefes: para muchas empresas, estar físicamente en la oficina sigue siendo una forma de comprobar que alguien está trabajando.

Para una parte de los jóvenes, en cambio, la presencia física ya no significa necesariamente mayor productividad.

Salir antes, faltar sin estar enfermo y llegar tarde también aparecen en la encuesta

Las conductas no se limitan al trabajo remoto.

El 34% de los participantes admitió salir antes de que terminara su jornada laboral.

Otro 27% reconoció haber llamado para reportarse enfermo sin estarlo realmente.

Además, 18% dijo haber llegado tarde al trabajo sin avisar.

Estas prácticas afectan directamente una de las reglas más tradicionales dentro de las empresas: el cumplimiento de horarios.

Para un jefe, que un empleado llegue tarde o se vaya antes puede representar una falta a los acuerdos laborales.

Para algunos jóvenes, en cambio, permanecer durante un horario completo pierde sentido cuando consideran que ya terminaron sus tareas o podrían hacerlas desde otro sitio.

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Casi tres de cada diez aceptaron un trabajo y después no se presentaron

Uno de los datos que representa un mayor reto para las áreas de contratación fue el llamado career catfishing.

Esta práctica ocurre cuando una persona acepta una oferta de empleo, pero después no se presenta a trabajar o abandona el puesto prácticamente de inmediato.

El 29% de los encuestados afirmó haber realizado esta conducta.

Para las empresas, la consecuencia puede ser directa.

Cada contratación requiere revisar perfiles, realizar entrevistas, tomar decisiones y, en muchos casos, organizar procesos de capacitación.

Cuando la persona seleccionada no se presenta, la empresa debe comenzar nuevamente parte del proceso.

Para los trabajadores jóvenes, abandonar un empleo de inmediato también puede reflejar una menor disposición a permanecer en un puesto que no cumple con sus expectativas.

El 16% dice que solo hace lo indispensable en su trabajo

La encuesta también encontró que 16% de los participantes practica el llamado quiet quitting.

Esta expresión se utiliza para describir a quienes se limitan a realizar únicamente las tareas indispensables de su puesto.

No significa necesariamente que una persona haya dejado de trabajar.

El concepto se refiere a trabajadores que deciden no asumir responsabilidades adicionales, quedarse después de su horario o realizar actividades que consideran fuera de sus obligaciones.

Para algunos jefes, esta actitud puede interpretarse como falta de compromiso.

Para los empleados, puede representar una forma de establecer límites cuando consideran que el trabajo adicional no está acompañado de mejor salario, reconocimiento o posibilidades de crecimiento.

La inteligencia artificial también está cambiando las reglas en las empresas

El estudio encontró que 14% de los participantes utiliza inteligencia artificial para completar tareas laborales sin comunicarlo a sus empleadores.

Otro 11% reconoció dormir una siesta durante la jornada cuando trabaja de forma remota.

El mismo porcentaje admitió registrar más horas de las que realmente trabajó.

Además, 10% utiliza herramientas o programas de la empresa para proyectos personales o trabajos independientes.

El uso de inteligencia artificial en el trabajo abre una discusión diferente a la de los horarios.

Para algunos empleados, estas herramientas permiten completar tareas con mayor rapidez.

Para los jefes y las empresas, el uso no informado puede generar dudas sobre la seguridad de los datos, la confidencialidad de la información y la manera en que se evalúa el desempeño de una persona.

La expresión japonesa “otsukaresama” reconoce el esfuerzo laboral; en México el cansancio se ve a menudo como pereza. Foto: Genrada con IA

¿Los jóvenes simplemente no quieren trabajar?

Los resultados de la encuesta no permiten llegar a esa conclusión.

Entre quienes admitieron tomarse “vacaciones silenciosas”, una parte mencionó como razones el agotamiento, la presión mental, la falta de días libres y las dificultades para atender asuntos personales o familiares.

Los datos muestran que la discusión no se limita a una falta de compromiso.

También existe una diferencia entre lo que los trabajadores jóvenes esperan de un empleo y lo que muchas empresas continúan exigiendo.

La flexibilidad, el equilibrio entre la vida personal y laboral y la posibilidad de controlar el propio tiempo tienen un peso cada vez mayor para una parte de los empleados jóvenes.

Eso no elimina sus responsabilidades.

Los trabajadores siguen obligados a cumplir con los acuerdos establecidos con sus empresas.

Sin embargo, la encuesta muestra que muchas de las reglas tradicionales del trabajo ya no reciben la misma aceptación automática que tuvieron durante décadas.

El verdadero choque entre los jóvenes y sus jefes está en quién controla el tiempo

Muchas de las prácticas detectadas tienen un punto en común: la discusión sobre quién decide dónde, cuándo y cómo se trabaja.

Para un jefe, llegar tarde, salir antes o presentarse en la oficina solo para registrar la asistencia puede representar un incumplimiento.

Para algunos trabajadores jóvenes, permanecer ocho horas en un mismo lugar pierde sentido cuando consideran que pueden completar sus tareas en menos tiempo o desde otro espacio.

Esta diferencia se ha vuelto uno de los principales desafíos de las empresas.

Los jefes necesitan saber cuándo estará disponible una persona, cómo organizar equipos y de qué manera medir el cumplimiento de las responsabilidades.

Los trabajadores quieren mayor libertad para decidir cómo organizar sus jornadas.

Cuando ninguna de las partes establece reglas claras, aparecen prácticas como las vacaciones silenciosas, el coffee badging o las ausencias sin aviso.

¿Qué pueden hacer los jefes ante las nuevas reglas del trabajo?

Los resultados muestran que prohibir o vigilar no parece suficiente para resolver el problema.

Las empresas necesitan establecer con claridad qué horarios son obligatorios, cuándo se requiere presencia física, cómo se mide el desempeño y qué prácticas no serán aceptadas.

También necesitan definir hasta dónde pueden ofrecer flexibilidad laboral sin afectar las responsabilidades de cada puesto.

Los trabajadores, por su parte, deben entender que tener mayor autonomía no elimina la obligación de cumplir acuerdos, informar ausencias y responder por los resultados de su trabajo.

El problema no parece limitarse a que una generación quiera trabajar menos.

La encuesta muestra un choque entre jefes que siguen administrando el trabajo con reglas tradicionales y jóvenes que quieren tener mayor control sobre su tiempo.

Mientras las dos partes no acuerden nuevas reglas, las empresas seguirán enfrentando prácticas como llegar tarde, salir antes, fingir que se trabaja desde casa o acudir a la oficina solo para registrar la asistencia.

La integración de más jóvenes al mercado laboral seguirá obligando a empresas y jefes a revisar la forma en que organizan las jornadas. Al mismo tiempo, los trabajadores tendrán que demostrar que una mayor flexibilidad puede convivir con el cumplimiento de responsabilidades.

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