Cuando el hielo y las bebidas frías eran un lujo de la clase alta: mientras Europa almacenaba hielo para el verano, en México lo bajaban de los volcanes
Sin embargo, detrás de algo tan común existe una historia de volcanes, comercio y privilegios que durante siglos separó a quienes podían refrescarse de quienes solo podían observar.

MÉXICO-. Hoy basta abrir un refrigerador para disfrutar una bebida fría. Sin embargo, durante siglos, el hielo fue uno de los productos más exclusivos del mundo.
En gran parte de Europa y Norteamérica, antes de la refrigeración moderna, el hielo se obtenía durante el invierno.
Grandes bloques eran cortados de lagos congelados y almacenados en enormes depósitos conocidos como casas de hielo.
Durante meses, este recurso era conservado para venderse en verano, cuando la demanda aumentaba y los precios también.
Por ello, el consumo de bebidas frías, postres helados y otros productos similares estaba reservado principalmente para las clases altas.
México encontró otra solución: los volcanes
Mientras Europa dependía de sus inviernos, México encontró una fuente natural en las cumbres nevadas de volcanes como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
Durante la época virreinal y buena parte del siglo XIX, los llamados neveros ascendían a las montañas para extraer nieve y hielo.
Posteriormente, los bloques eran transportados en mulas hasta ciudades como Puebla y la Ciudad de México, donde se utilizaban para elaborar nieves, helados y enfriar bebidas.
La imagen parece salida de una novela histórica: hombres descendiendo de los volcanes con un producto tan valioso como efímero.


¿Era un recurso para todos?
Aunque México tenía acceso natural al hielo, esto no significaba que fuera un producto popular.
La extracción requería mano de obra especializada, largas jornadas de trabajo y un transporte cuidadoso para evitar que el hielo se derritiera antes de llegar a las ciudades.
Por ello, al igual que en otras partes del mundo, el hielo siguió siendo un artículo asociado con las élites, comercios privilegiados y sectores con mayor poder adquisitivo.
En otras palabras, la existencia de volcanes nevados no eliminó su carácter de lujo.
El fin de un privilegio
La historia comenzó a cambiar a finales del siglo XIX.
La llegada de las primeras fábricas de hielo y, posteriormente, de los sistemas de refrigeración mecánica, permitió producir hielo de forma constante y a menor costo.
Lo que durante siglos fue un símbolo de estatus terminó convirtiéndose en un producto cotidiano.
Por primera vez, las bebidas frías dejaron de pertenecer exclusivamente a las clases acomodadas y comenzaron a llegar a hogares de todos los niveles sociales.

Comentarios de cibernautas:
- “Pensar que un vaso con hielo era algo exclusivo hace apenas unos siglos.”
- “México literalmente usó sus volcanes como refrigeradores naturales.”
- “Hoy compramos una bolsa de hielo por monedas; antes era un lujo de la alta sociedad.”
Hoy resulta difícil imaginar una comida sin hielo o una bebida fría en verano.
Sin embargo, detrás de algo tan común existe una historia de volcanes, comercio y privilegios que durante siglos separó a quienes podían refrescarse de quienes solo podían observar.
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