La cena, la obra de la artista cubana Belkis Ayón donde nadie tiene boca
Realizada cuando apenas tenía veintiún años, esta pieza es un collage de colografías sobre cartulinas que mide más de tres metros de largo.

En el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana se encuentra una de las primeras obras relevantes de la artista cubana Belkis Ayón, titulada La cena. Realizada cuando apenas tenía veintiún años, esta pieza es un collage de colografías sobre cartulinas que mide más de tres metros de largo. Es una escena que, aunque cargada de color y expresividad, se define por un detalle desconcertante: ninguno de los personajes tiene boca.
La obra parece capturar un banquete ceremonial, quizá una representación del iriampó, un ritual colectivo de la sociedad secreta abakuá, traída a Cuba por esclavos africanos en el siglo XIX. Ayón, especialista en grabado, dedicó gran parte de su corta pero intensa carrera a explorar esta mitología. Aunque el clima húmedo del Caribe complicaba el uso de esta técnica, la artista se las ingenió para convertirla en su lenguaje principal.
La influencia del expresionismo y de la postmodernidad se hace presente en La cena, donde figuras de distintos colores y posturas comparten mesa, aunque sin posibilidad de hablar. El silencio parece ser una constante en la obra de Ayón, quien optó por representar a sus personajes sin boca, en una especie de alusión a la censura, al secreto y quizás también al dolor personal. Que esto ocurra precisamente en una cena, un momento habitualmente asociado al diálogo, a la celebración y a la comunión, vuelve la imagen aún más potente.
Antes de centrarse en los tonos blancos, negros y grises que definirían su estilo posterior, Ayón exploró los contrastes y la vitalidad cromática como forma de experimentación. La cena es un ejemplo temprano de esa búsqueda, pero también un indicio claro del camino que tomaría su trabajo: un arte profundamente simbólico, silencioso pero elocuente, que habla del género, la raza, la religión, el miedo, la identidad y la falta de libertad.
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Belkis Ayón se suicidó en 1999, a los 32 años. Nunca se supo con certeza por qué. Su obra, sin embargo, sigue diciendo mucho sin necesidad de una sola palabra. Quizás porque, como en La cena, a veces el silencio —aunque inquietante— es la forma más poderosa de expresión.
Con información de HA!
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