El calor extremo del verano aumenta el riesgo de retención de líquidos y golpes de calor en personas con enfermedades cardíacas
Especialistas advierten que la prevención, la hidratación y el seguimiento médico son medidas clave para reducir estos riesgos

Las olas de calor representan un desafío para toda la población, pero pueden convertirse en un riesgo mayor para quienes viven con enfermedades cardiovasculares. Las altas temperaturas obligan al corazón a trabajar más para mantener estable la temperatura corporal, lo que puede favorecer la deshidratación, la retención de líquidos, cambios en la presión arterial y, en algunos casos, desencadenar complicaciones como insuficiencia cardíaca, arritmias, infartos o golpes de calor.
Especialistas advierten que la prevención, la hidratación y el seguimiento médico son medidas clave para reducir estos riesgos, especialmente durante los días con temperaturas extremas.
¿Por qué el calor extremo afecta al corazón?
Cuando la temperatura ambiental aumenta, el organismo pone en marcha distintos mecanismos para enfriarse. Los vasos sanguíneos se dilatan, aumenta la sudoración y el cuerpo pierde agua y minerales.
Este proceso obliga al corazón a bombear con mayor intensidad para mantener una circulación adecuada. En personas con enfermedades cardiovasculares, ese esfuerzo adicional puede romper un equilibrio ya comprometido y favorecer una descompensación clínica.
Además, la pérdida de líquidos puede reducir el volumen de sangre disponible y provocar caídas de la presión arterial, mareos y desmayos.

¿Qué complicaciones pueden presentarse?
Los especialistas explican que el calor extremo puede incrementar el riesgo de:
- Retención de líquidos en personas con insuficiencia cardíaca.
- Deshidratación.
- Descensos importantes de la presión arterial.
- Arritmias.
- Infarto.
- Insuficiencia cardíaca descompensada.
- Golpe de calor.
En muchos casos, el calor no es la causa directa del problema cardiovascular, sino el factor que desencadena una complicación en pacientes que ya presentan una enfermedad previa.
Los medicamentos también requieren vigilancia
Otro aspecto importante son los tratamientos médicos. Personas que toman diuréticos o medicamentos para controlar la hipertensión pueden presentar un mayor riesgo de deshidratación o hipotensión durante una ola de calor.
Los especialistas insisten en que ningún medicamento debe suspenderse o modificarse por decisión propia. Si aparecen síntomas o existe alguna preocupación por los efectos del calor, lo recomendable es consultar al médico tratante para valorar si es necesario realizar ajustes temporales.
¿Cómo reducir el riesgo durante una ola de calor?
Las recomendaciones médicas buscan disminuir el esfuerzo que realiza el corazón y evitar la pérdida excesiva de líquidos.
Entre las principales medidas se encuentran:
- Beber agua de forma constante, incluso si no aparece la sensación de sed.
- Evitar actividades físicas al aire libre entre las horas de mayor radiación solar.
- Permanecer en lugares frescos, ventilados o con aire acondicionado.
- Mantener una temperatura interior cercana a los 24 y 26 grados centígrados cuando sea posible.
- Utilizar ropa ligera.
- Evitar exposiciones prolongadas al sol.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Buscar atención médica inmediata es fundamental si una persona presenta síntomas compatibles con un golpe de calor o una descompensación cardiovascular.
Algunas señales de alarma incluyen:
- Mareo intenso.
- Confusión.
- Desmayo.
- Fiebre elevada.
- Piel caliente.
- Pulso acelerado.
- Dificultad para respirar.
- Dolor en el pecho.
- Palpitaciones persistentes.
¿Quiénes deben tener mayores precauciones?
Los especialistas señalan que el riesgo aumenta en adultos mayores y en personas con antecedentes de hipertensión, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria u otros padecimientos cardiovasculares.
También requieren vigilancia quienes utilizan diuréticos o medicamentos para controlar la presión arterial, ya que las altas temperaturas pueden modificar la respuesta del organismo a estos tratamientos.
Ante las olas de calor cada vez más frecuentes, los expertos consideran que el estrés térmico debe entenderse como un factor de riesgo para la salud cardiovascular.
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