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¿Los estímulos a la gasolina afectan las finanzas públicas? Banamex y BBVA alertan sobre un impacto de hasta 38,000 millones de pesos anuales que resta recursos a salud e infraestructura para contener la inflación en 4.59%

Expertos advierten que los estímulos fiscales para frenar el precio del combustible generan un costo de hasta 38,000 mdp anuales y frenan la eficiencia en México.

¿Los estímulos a la gasolina afectan las finanzas públicas? Banamex y BBVA alertan sobre un impacto de hasta 38,000 millones de pesos anuales que resta recursos a salud e infraestructura para contener la inflación en 4.59%

MÉXICO.- Mantener el precio de la gasolina bajo control es una de las prioridades más visibles del Gobierno Federal para proteger la economía familiar. Con una inflación anual que se reportó en 4.59 por ciento en marzo, el uso de estímulos fiscales funciona como un “amortiguador” que evita un aumento drástico en el costo de transporte y productos básicos. Sin embargo, diversos analistas financieros advierten que esta estabilidad tiene un precio oculto que afecta directamente las arcas de la nación.

Según datos de instituciones como Banamex y BBVA México, retomados por El Financiero, el costo de no cobrar el impuesto total a los combustibles (IEPS) representa una renuncia masiva a ingresos tributarios. Lo que el consumidor ahorra al cargar el tanque, el Estado deja de percibirlo de forma definitiva, lo que genera un impacto profundo en el presupuesto destinado al gasto público y los servicios que recibe la ciudadanía.

Desde 2024, tanto la gasolina Premium se mantenían por debajo de los 26 pesos, y ahora ha superado los 29 en algunas estaciones. Foto: Archivo

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El mecanismo del subsidio: Un gasto de 5,000 millones semanales

Para entender por qué los especialistas muestran preocupación, es necesario mirar las cifras de operación. El gobierno federal ha asegurado que estos subsidios representan aproximadamente 5,000 millones de pesos cada semana. Como señala el analista Manuel Herrejón, esta estabilidad “no es gratuita”, pues el gobierno simplemente renuncia a estos ingresos para suavizar el golpe a los consumidores, sin posibilidad de recuperar ese dinero en el futuro.

Este esfuerzo fiscal busca evitar el llamado “efecto dominó”: si la gasolina sube de forma descontrolada, el costo de mover mercancías y alimentos también se dispara, elevando la inflación general. No obstante, al mantener un precio que no refleja la realidad del mercado internacional, se genera una desconexión entre lo que pagamos y lo que realmente cuesta producir o importar el combustible.

El impacto en las finanzas: Entre 22,000 y 38,000 millones de pesos al año

La magnitud de esta estrategia se refleja en las estimaciones anuales de las principales bancas del país. Mientras que Banamex calcula que el costo de contener el alza de combustibles podría alcanzar los 22,000 millones de pesos, BBVA México eleva la cifra, estimando que la menor recaudación por el IEPS podría llegar hasta los 38,000 millones de pesos.

Este dinero, que deja de entrar a la Tesorería, implica un traslado del costo económico desde el sector energético hacia el ámbito fiscal. En términos prácticos, los especialistas consideran que el encarecimiento del petróleo no se elimina, sino que se mueve de lugar, debilitando la capacidad del gobierno para invertir en otras áreas críticas como salud o infraestructura.

Claudia Sheinbaum aplica subsidio al IEPS en gasolinas y diésel para frenar el alza de precios por el conflicto en Medio Oriente | Archivo GH

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Los riesgos de la dependencia y la falta de eficiencia

Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es cómo estos estímulos afectan el comportamiento a largo plazo de empresas e individuos. Al no enfrentar el costo real de la energía, se pierden los incentivos para mejorar la eficiencia energética y la logística. Si el precio fuera real, existiría una presión natural por consumir menos combustible o buscar alternativas más limpias y económicas.

Además, depender de estímulos recurrentes se considera una solución temporal para un problema de fondo. Manuel Herrejón plantea que la estrategia debería evolucionar hacia el fortalecimiento de la producción nacional y la refinación.

Al mejorar la infraestructura propia, México podría reducir su dependencia externa y la necesidad de intervenir constantemente en los precios, permitiendo que las finanzas públicas respiren y que el precio de la gasolina sea sostenible por sí mismo, sin necesidad de “ayudas” que terminan pesando en el presupuesto nacional.

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