Cumplir 100 años es algo que pocas personas consiguen en el mundo, pero hacerlo con un gran legado en la equitación es algo que solo leyendas como el capitán Mario Becerril Serrano pueden realizar.
Nacido en Toluca, Estado de México, y viviendo en Sonora por más de 30 años, el ahora centenario ha acumulado una gran cantidad de vivencias, acompañado siempre de los caballos, a los cuales ha llegado a considerar sus amigos.
Fue en 1937 cuando llegó procedente de su tierra natal a Esperanza, Sonora, con la intención de ganarse un lugar en el Colegio Militar de la Ciudad de México, situación que consiguió después de una serie de esfuerzos que no todos tienen el valor de realizar.
“Me vine cinco días de viaje en tren a Esperanza, yo comiendo puro pan porque mi papá estaba enfermo y me dio pena pedirle dinero y me vine con 7 pesos y con eso llegué aquí”, recordó.
Después de un destacado trabajo en esta población sonorense, Mario fue aceptado en el Colegio Militar ubicado en la capital del País, e inmediatamente comenzó a sobresalir dentro de la actividad de la equitación, la cual se convirtió en su sello distintivo.
Aunque entró al departamento de artillería y no al de caballería, las actividades extra curriculares tenían que ser de gimnasia o de equitación, por lo que el ahora capitán retirado se fue de lado de los caballos y las monturas.
“Un día formados nos preguntaron que si quién sabía montar y yo di tres pasos adelante y a partir de ahí comencé a llevar clases con instructor y comencé a distinguirme al montar a caballo y más me distinguí cuando empezamos a salir a los primeros concursos”, aseguró.
Fue en 1950, en la sexta edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe cuando su historia deportiva arrancó, y montado sobre “Coyote”, su ejemplar, consiguió par de medallas de oro, tanto en el tema individual como el grupal.
“Me tocó ser seleccionado en los Centroamericanos de Guatemala. Yo esa vez gané con mi caballo el ‘Coyote’ y con ese gané en individual y por equipos; tuvimos la suerte de regresar a México con eso”, mencionó.
La historia de los Juegos Panamericanos comenzó en Argentina en 1951, y Mario estuvo ahí, pero no sólo estuvo presente, sino que consiguió medalla de bronce por equipos, otro de los momentos de oro para él.
Posteriormente, para 1952, el ahora avecindado en Hermosillo formó parte del equipo nacional que participó en la prueba de tres días, donde no pudo subirse al podio por diversos errores.
Sin embargo, ahí no concluyeron sus exhibiciones, ya que en esa misma gira, en 1952, hizo un recorrido por diversas competencias en distintos puntos de europa, donde dejó una gran impresión de la disciplina en México.
Cuando tenía pocos meses dentro del Colegio Militar, Mario Becerril y poco más de 50 compañeros más hicieron un viaje por Chile, en el que sin querer le brindaría una foto con el entonces cadete Augusto Pinochet, quien recién entraba a las fuerzas armadas de aquella nación y quien sería tristemente recordado por encabezar la dictadura militar en ese País durante 27 años.
“Lo conocí en aquel momento, pero era cadete, cuando apenas empezaba. Pero muchos años después de la foto un amigo me la dio y me preguntó que si sabía quién era el cadete que estaba a mi izquierda, y yo no sabía, pero era Pinochet”, indicó.
Para 1968, México fue sede de los Juegos Olímpicos, y debido a su ya larga e importante trayectoria, Becerril Serrano tuvo a su cargo la realización de la etapa de obstáculos en la prueba de los tres días, donde se le nombró el jefe de campo de esta disciplina en Avándaro, Estado de México.
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