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Columnas La Voz del Papa

Los murciélagos humanos

Las cosas espirituales son invisibles. La liturgia de la Iglesia, al hacer referencia a realidades invisibles y divinas, recurre a signos visibles que nos ayuden a comprenderlas mejor.

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Por José Martínez Colín

1) Para saber

Las cosas espirituales son invisibles. La liturgia de la Iglesia, al hacer referencia a realidades invisibles y divinas, recurre a signos visibles que nos ayuden a comprenderlas mejor. Así, por ejemplo, en la ceremonia de la Vigilia Pascual se enciende un cirio, que representa a Cristo resucitado, luz del mundo. Antiguamente los templos estaban orientadas hacia el Oriente porque de ahí nace la luz, el Sol, y nos recuerda a Cristo. En el Evangelio se nos recuerda la profecía de Isaías: “El pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran luz; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecido (Mt 4,16). Nuestro Señor Jesucristo dirá de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12).

Desgraciadamente, comentaba el papa Francisco, se cumplen las palabras de San Juan: “La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malvadas”. Son personas cegadas por el pecado, porque el pecado ciega, y convierte a los hombres en “murciélagos humanos que sólo saben moverse en la noche”. Pero la decisión está en cada uno: Luz o tinieblas.

2) Para pensar

Nos dice la Sagrada Escritura que Dios desea la salvación de todos. Por ello estamos ciertos que nunca nos faltarán las luces para encontrar la verdad. Un suceso lo muestra.

En 1989 el papa S. Juan Pablo II viajó a Suecia y un pastor protestante escribió artículos anticatólicos, temía que Suecia se volviera católica.

Era el fundador de la iglesia pentecostal más influyente de la Suecia moderna y de toda Escandinavia: Ulf Ekman, quien había fundado una escuela bíblica con más de mil alumnos. Tiene misioneros en Rusia, Kazajstán y otros países, una ONG de ayuda a niños en la India. Es autor de libros traducidos en 60 idiomas y conductor de un programa televisivo internacional. Un hombre muy influyente.

No obstante, hace poco anunció ante el asombro de unos tres mil seguidores en plena asamblea dominical, que él y su esposa Birgitta se iban a convertir al catolicismo porque “nos dimos cuenta que nuestros prejuicios protestantes en muchos casos no tienen ninguna base”.

Había estudiado el Catecismo de la Iglesia Católica, y encontró una fuerza ética y moral que puede enfrentarse a la opinión general.
Ekman señaló que lo decidió al ver un video que el papa Francisco envió a un congreso de pentecostales. Descubrió la fe viva de católicos y su interés por los pobres y débiles. También influyó su amistad con el único obispo católico de Suecia, monseñor Anders Arborius, y el escritor P. Wilfrid Stinissen.

Pensemos si buscamos la luz de la verdad, dispuestos a seguirla.

3) Para vivir

El Santo Padre señaló que cuando elegimos el pecado, no toleramos la luz. Es más cómodo vivir en las tinieblas. La luz nos abofetea, nos hace ver aquello que no queremos ver. Pero lo peor es que los ojos del alma, de tanto mirar en las tinieblas se habitúan a ella y pierden el sentido de la luz.

El papa Francisco concluyó invitando a dejar entrar “la luz que trae Jesús entre en nosotros y nos ayude a ver las cosas con la luz de Dios, y no con las tinieblas que nos da el señor de las tinieblas”. Ser cristiano es estar “orientado” a la luz.

JOSÉ MARTÍNEZ COLÍN
articulosdog@gmail.comJosé Martínez Colín es sacerdote, ingeniero (UNAM) y doctor en Filosofía (Universidad de Navarra)

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