El último en salir
William Rodríguez, recuerda la caída de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York hace 25 años, me ha contado varias veces su historia pero siempre surgen nuevos detalles, de esos que la memoria oculta por porque son muy dolorosos.

JORGE RAMOS
“Fui el último hombre en salir de la torre Norte antes de que colapsara”, me cuenta William Rodríguez, recordando la caída de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York hace 25 años. “Vi los cuerpos de las personas que se habían lanzado desde las torres. Eran cuerpos irreconocibles. Parecían calcomanías pegadas al pavimento”. De pronto escuchó que le gritaban: “¡Corre, corre!” y lo único que vio fue un camión de bomberos estacionado frente a la entrada principal. “Me lancé debajo del camión, y en ese mismo instante la torre norte comenzó a derrumbarse sobre mí”.
Willy -como le llamo después de múltiples entrevistas desde ese 11 de septiembre del 2001- estuvo atrapado debajo del camión durante cuatro horas y media. Estuvo gritando “Help!” por mucho tiempo, hasta que “finalmente siento que empiezan a sacarme por debajo del camión. Lo primero que veo es una chaqueta de bombero con las franjas fluorescentes. Cuando logro salir, recuerdo que la nube de polvo seguía cubriendo toda la zona. No se disipó durante varias horas”. No tenía ningún hueso roto, sólo una larga herida sangrante en una de las rodillas.
Willy me ha contado varias veces su historia. Pero siempre surgen nuevos detalles, de esos que la memoria oculta por años porque son muy dolorosos. Esta vez me contó de una mujer vestida de rojo que conoció en el piso 33 y que, tras llegar a la calle y creerse a salvo, quedó partida por la mitad por un ventanal. No sé cómo se puede vivir con algo así en la cabeza.
Willy es un hombre en paz. Hizo todo lo posible, y mucho más, para salvar a quienes estaban atrapados en la torre norte luego que un avión Boeing 767 de American Airlines se estrellara por arriba del piso 93 esa nítida mañana de septiembre. Y me mostró, orgulloso, una llave.
“Esta llave, no me la querían dar”, me dijo. “Significó la vida de cientos y cientos de personas el 11 de septiembre”. Esa llave maestra -una de cinco- abría las puertas de las escaleras de la torre Norte del World Trade Center, y esa mañana Willy era el único que la estaba usando. Como uno de sus empleados de limpieza, Willy conocía las entrañas de las torres gemelas. Estuvo contratado ahí 20 años. “Mi trabajo [durante los últimos 10 años] consistía en limpiar diariamente los 110 pisos de escaleras [de la torre Norte]; una violación a los derechos laborales en cualquier parte del mundo”. Nadie conocía las escaleras y las puertas de acceso tan bien como él, y eso salvó muchas vidas.
Ese martes 11 de septiembre, esplendoroso, con un cielo sin nubes, Willy llamó a su supervisor y le dijo que se iba a tomar el día. Pero su jefe lo convenció -“Por favor, ven a trabajar”- aunque llegara tarde. Marcó su tarjeta de entrada en el sótano del edificio a las 8:46 de la mañana, y al instante escuchó una explosión muy fuerte. “Las paredes se agrietan, todo el techo falso se desploma sobre nosotros y los rociadores contra incendios se activan. Aquello era una locura”.
Ahí comenzó el primero de varios rescates de Willy. “Síganme, yo conozco bien el edificio”, le gritó a un grupo que incluía a varios empleados nuevos. Lideró a catorce personas, incluyendo a un hombre con los brazos quemados, desde el sótano hasta una rampa de camiones que salía a la calle Vesey.
Luego vino lo más peligroso.
Regresó al vestíbulo de la torre Norte, y ahí se encontró con un equipo de bomberos. Los elevadores ya no funcionaban; el impacto del avión había roto los cables. Así que Willy llevó a los bomberos por las escaleras -“Síganlo a él”, les dijo un policía a los bomberos, “él conoce perfectamente el edificio, y tiene la llave maestra”- mientras iba abriendo las puertas para que la gente pudiera escapar.
Piso 3. Piso 4. Piso 10. Piso 27 -y ahí Willy hizo una pausa para llamarle en uno de los teléfonos de la oficina a su mamá en Puerto Rico. Los bomberos, con su carga pesada sobre sus espaldas, lo seguían, pero estaban varios pisos abajo. “Mami, estoy bien”, le dijo, “pasó un accidente en las torres”. Y ella empezó a gritarle: “¡No, no, no! Lo estamos viendo por televisión. ¡Willy, sal del edificio! ¡No seas estúpido! ¡No vayas hacia el fuego!”.
Pero Willy no le hizo caso. “Mami, tranquila, esta gente sabe lo que está haciendo”. Willy, en ese momento, no tenía ni la menor idea de que el edificio se fuera a derrumbar. Llegó hasta el piso 39, abriendo puertas e indicándole a la gente por donde bajar, hasta que escuchó otra poderosa explosión.
A las 9:03 de la mañana, era el segundo avión, este de United Airlines, impactando la torre sur arriba del piso 77. “En ese momento, el edificio donde nosotros estábamos, la torre norte, comenzó a temblar violentamente”, recuerda.
Willy quería seguir subiendo para buscar a sus amigos que trabajaban en el restaurante Windows of the World, que estaba en el piso 106 y 107 de la torre Norte. Pero un policía lo detuvo y le dijo: “No, tú eres un civil, y ahora eres mi responsabilidad. Mejor ayúdame con el hombre en silla de ruedas del piso 27, y luego te vas”. Willy siguió sus instrucciones, pero prometió regresar. Ya no pudo.
Al llegar al vestíbulo, se dio cuenta de que la torre sur, a pesar de haber sido impactada más tarde, fue la primera en caer y que la torre norte estaba a punto de colapsar. Salió corriendo por la entrada principal del World Trade Center y encontró refugio debajo del camión de bomberos.
Un cuarto de siglo después, ese evento sigue marcando su vida. En su recámara hay un letrero que dice: “¿A quién ayudaste hoy?”.
Lo veo en una pantalla para esta entrevista, de saco y corbata, respirando pausadamente y no entiendo cómo alguien puede parecer tan tranquilo después de haber vivido tantos horrores. “Yo creo que Dios me dio una segunda oportunidad”, me dijo antes de despedirse. “Yo sí creo que fui protegido. Ese día estuve a punto de morir muchas veces. … Yo perdí cerca de 200 amigos. Ese inventario emocional es devastador,” me dijo.
“Veinticinco años después, mi mayor deseo sigue siendo encontrar un cierre emocional. Uno nunca olvida; Aprende a vivir con ello”.
- Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros, el más reciente es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.
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