La colaboración de la Iglesia y el Estado
De esa entrevista, que se publicó el 7 de agosto, retomo la información de este artículo.

LO QUE ÉL QUISO DECIR
El 21 de septiembre de 1992, se restablecen las relaciones diplomáticas oficiales entre el Gobierno de México y el Estado Vaticano, tras más de siglo y medio de haberlas suspendido, y con motivo de la celebración de los 34 años de ese acontecimiento estuvo de visita en México el cardenal Pietro Parolin (1955), secretario de Estado de la Santa Sede.
Parolin, quien trabajó en la nunciatura del Vaticano en México de 1989 a 1992, colaboró entonces con el delegado apostólico, Girolamo Prigione (19212016) en las negociaciones que condujeron al reconocimiento jurídico de la Iglesia Católica y del restablecimiento de las relaciones diplomáticas del Gobierno de México con la Santa Sede.
En su visita oficial a México, del 4 al 6 de agosto de 2026, se reunió con la presidenta Sheinbaum Pardo, con obispos y representantes del Diálogo Nacional por la Paz, que impulsa la Iglesia Católica en México. Concedió una entrevista a Javier Rodríguez Labastida, un laico que es director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México y director de la revista Desde la Fe.
De esa entrevista, que se publicó el 7 de agosto, retomo la información de este artículo. El cardenal afirma que es seguro que el papa León XIV venga a México, pero que “los tiempos todavía no están determinados”. Ya hay una invitación del Gobierno de México. Los que saben del tema consideran que en 2027 no es posible por las elecciones, y lo más probable es que se realice en 2028.
Parolin asegura que el diálogo con la presidenta Sheinbaum Pardo fue “muy fructífero” y que identificaron dos grandes ámbitos en los que Iglesia y Estado pueden colaborar respetando plenamente la misión propia de cada uno: La construcción de la paz y la atención a las personas migrantes.
El cardenal plantea que el problema de la violencia es complejo y exige una respuesta compartida porque “nadie puede solo solucionar este problema. Es un problema de tamaño tan grande que necesita la colaboración de todos. Iglesia y Estado pueden colaborar mucho”.
La Iglesia frente a las heridas que vive México, como la violencia, las desapariciones, el desplazamiento forzado y la fractura social, requiere del compromiso decidido de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, y que “la Santa Sede espera que todos los componentes de la Iglesia se involucren en esta misión”, y asegura que la construcción de la paz forma parte de la identidad misma de la Iglesia.
Sobre la creciente polarización que atraviesan muchas sociedades, México no es la excepción, el cardenal sostiene que la unidad no consiste en pensar todos igual, y que “tenemos que aprender a vivir en unidad en medio de las diferencias y la unidad no significa uniformidad”. Las diferencias son inevitables, pero no deben convertirse en enfrentamientos, y asegura que cuando las personas son capaces de mirar hacia el bien común, es posible construir proyectos que unan por encima de los intereses particulares.
El cardenal sostiene que el mayor desafío para un creyente consiste en permitir que el Evangelio ilumine sus decisiones de todos los días, el cristiano debe de ser coherente, y su fe debe reflejarse en la manera de trabajar, de relacionarse con los demás, de administrar los bienes y de asumir responsabilidades dentro de la sociedad.
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