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El arte de podar la empresa familiar

La unidad y cohesión son virtudes esenciales en las organizaciones de familia.

Carlos  Dumois

Dueñez* empresaria

La unidad y cohesión son virtudes esenciales en las organizaciones de familia.

Una vez más se perdió un proyecto por desacuerdos entre los socios. Esta inversión era importante para el proyecto de futuro. Su resonancia con la estrategia del grupo era evidente. El momento no podía ser más oportuno. Pero el primo lo cuestionó. Su perfil como inversionista es muy diferente que el resto de la familia, y su voto determinaba si se hacía o no. Sigue indeciso y se negó al diálogo. Se perdió la oportunidad.

Las familias empresarias han de trabajar intensamente para alinear sus querencias, mejorar su calidad de diálogo, definir los roles de sus líderes, buscar formas de hacer sinergia entre sus talentos y habilidades, y muchos cuidados más que exige la dueñez compartida.

No pensamos que sea sano estar revisando cada año quiénes se quieren salir. La idea predominante conviene que sea vernos juntos por mucho tiempo y seguir construyendo el legado para las siguientes generaciones. Pero cuando hemos luchado por años y ese miembro desintegrado sigue generando excesivo desgaste, consumiendo energía, distrayendo al quehacer de seguir creando valor, puede ser momento de repensar si seguimos todos juntos.

Frecuentemente ocurre que varios de los decisores van aprendiendo a hacer equipo y alguno de ellos se va distanciando de sus procesos de integración. Los que se complementan se van conociendo, se reconocen fortalezas y debilidades, se acomodan en sus quehaceres, avanzan a pesar de sus diferencias porque una mirada común les dicta las prioridades. Pero el que se distancia no se acopla. Parece privilegiar sus intereses particulares sobre el bien de conjunto. Sus querencias están desalineadas. Se les complica a los demás ponerse de acuerdo con él.

Un socio tóxico destruye valor de formas diversas: Lentitud en las decisiones, roces que cansan, espacios que no se cubren, multiplicación perdida, consideraciones excesivas. Lo peor ocurre cuando los que sí pueden crear valor juntos pierden entusiasmo y concentración, y empiezan a pensar que sería mejor iniciar proyectos cada quien por su cuenta.

De cualquier forma, primero es conveniente extremar los esfuerzos para integrarlo. Es trascendente hacer todo lo que esté al alcance del grupo: Diálogo privado, asesoría de expertos, ayuda profesional, ejercicios de alineación de visiones.

Cuando el miembro diferente se vuelve realmente tóxico, y la familia considera que ha agotado sus posibilidades para acercarlo, llega el momento de trabajar en su separación. Pensar en ello puede verse como traicionar el sueño de los fundadores, o como un fracaso de la familia. Pero la realidad demuestra que muchas veces no hay más remedio.

La inmensa mayoría de los grupos familiares que perduran creando riqueza por generaciones pasan por procesos de poda que ajustan la configuración de sus integrantes a través del tiempo. Es obvio que siempre habrá miembros de cada familia que estarán mejor fuera que dentro. Salir de la empresa a veces salva la relación familiar y es preferible que forzar una pertenencia que en realidad no existe.

Las familias empresarias necesitan partir de un deseo comprometido de seguir juntos. Las jaulas de oro no propician dueñez compartida, no fomentan la armonía, no favorecen la creación de riqueza, todo lo contrario.

Si la unidad y la cohesión se ve amenazada por un miembro que envenena la relación, es mejor considerar su separación. Esto es lo que da pie a buscar caminos de salida del grupo de socios familiares que no caben dentro. Estos caminos son otros, y antes que nada deben procurar una separación armoniosa y cuidar que no se dañen más las relaciones familiares. Aquí hablamos de involucrar mediadores, negociadores, valuadores y expertos en procesos de disociación.

Esperemos que este primo del que hablamos entre en razón y acepte dialogar, aunque siga en desacuerdo. Confiemos que si esto no se logra, este grupo pueda negociar una separación en armonía que beneficie a la empresa y recupere la concordia familiar.

Saber podar ayuda a florecer. Bien vale el dicho “Olivo bien podado, años de aceite asegurado”.

Carlos A. Dumois

c_dumois@cedem.com.mx

http://www.cedem.com.mx

Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de Cedem.

* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.

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