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El extraño y preocupante caso del terrorista mexicano

El extraño caso del mexicano Abraham Hermosillo Álvarez es muy peligroso para la población mexicana en Estados Unidos.

Ana María Salazar

Ana María Salazar

El extraño caso del mexicano Abraham Hermosillo Álvarez es muy peligroso para la población mexicana en Estados Unidos. Para México. Para Morena. El 16 de junio, el Departamento de Justicia (DOJ) anunció cargos federales contra los cinco sospechosos, incluido Álvarez, quien usaba el alias “Shepherd”. Según el FBI Álvarez era responsable de planear, organizar y dirigir un complot para asesinar y llegar a cabo actos de violencia en terrenos de la Casa Blanca. Como evidencia de las intenciones de estos individuos, incluyendo Hermosillo Álvarez, son imágenes de un chat grupal cifrado, donde estos individuos incluían la intención de usar “francotirador(es) de contraataque y drones”, con el propósito explícito de ser “tan letales como podamos”.

Este es uno de los casos más extraños que he conocido en los últimos 30 años de seguir de cerca la relación bilateral en materia de seguridad entre Estados Unidos y México. Es importante subrayar que es extremadamente raro los casos de mexicanos vinculados a actividades terroristas dentro de los Estados Unidos es extraordinariamente raro. Las bases de datos del FBI y del Departamento de Seguridad Nacional muestran que la mayoría de los incidentes terroristas en Estados Unidos involucran a ciudadanos estadounidenses o a individuos provenientes de regiones donde operan organizaciones extremistas. México, en cambio, aparece casi exclusivamente en los expedientes de crimen organizado extremadamente violenta, pero no necesariamente organizaciones que ejercen terrorismo en otros países. Por eso este caso llamó la atención: No encaja en ningún patrón conocido.

Abraham Hermosillo Álvarez, hoy de 31 años, llegó a Estados Unidos siendo un niño pequeño. Según información de Homeland Security, su visa de turista B2 expiró en diciembre de 2001, cuando él tenía aproximadamente entre 6 y 7 años, lo que significa que quedó fuera de estatus migratorio desde la infancia. Más de una década después, en 2014, obtuvo protección temporal bajo el programa DACA, entonces con 19 ó 20 años, cumpliendo los criterios de haber llegado antes de los 16 años y haber residido de manera continua en el país. Estos datos parecerían indicar que Hermosillo Álvarez creció prácticamente toda su vida en Estados Unidos y que su situación migratoria estuvo marcada por decisiones tomadas cuando era menor de edad.

Ahora el caso de Hermosillo Álvarez es usado para justificar que los indocumentados en Estados Unidos son peligrosos y la persecución en contra de los más de medio millón de personas, los “Dreamers” que se han beneficiado del programa DACA, que en un 80% tienen nacionalidad mexicana. El recién nombrado secretario de Homeland Security, Markwayne Mullin dijo en entrevista que “Da miedo que un lobo solitario pueda hacer algo así; lo hemos visto demasiadas veces a manos de personas en situación irregular. Cada uno de esos casos es prevenible, y mientras tanto vemos al Partido Demócrata dedicar más tiempo a proteger a quienes entran ilegalmente al país, violando nuestras leyes de manera deliberada”.

No sólo subraya lo peligroso que son los indocumentados, sino lo politiza culpando a los demócratas de proteger a terroristas. Pero también en las redes sociales y algunos reportajes sugirieren que Hermosillo Álvarez tenía vínculos con el partido Morena. Entendiendo el peligro que estas declaraciones representaban para el partido oficial, en pocas horas salió un comunicado asegurando que no había vinculo alguno con Morena, y no debe de considerarse una persona afiliada al partido por el sólo hecho tener posesión de información sobre esta organización política.

Aun antes de este incidente, Morena tiene la preocupación real de que sea identificado como una institución política vinculada al narco terrorismo.

En un entorno saturado de desinformación, la responsabilidad de quienes analizamos temas de seguridad es mantener el foco en los hechos, no en las narrativas. Y el hecho central es éste: Se trata de un caso aislado, grave, que debe investigarse con rigor, sin convertirlo en un símbolo de algo que no es. La seguridad se construye con datos, no con especulaciones.

Hay que esperar qué información surgirá de este mexicano, ahora acusado de un atentado en contra de la Casa Blanca. Pero si vivió toda su vida en Estados Unidos, la pregunta es: ¿Dónde se radicalizó? y ¿por qué?

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