Orbán, lecciones (negativas) para México
No son pocos los gobiernos de buen número de países que, con su indebida intromisión en diversas áreas de la vida ciudadana, han paralizado o enlentecido el desarrollo y verdadero progreso

Viktor Orbán (foto) ejerció un poder unipersonal en su país, que más allá de cualquier ideología que lo hubiese animado, se caracterizó por un verdadero simulacro de democracia: Gobernó como primer ministro de Hungría por un total de veinte años, de 1998 a 2002 y luego de 2010 a 2026, respaldado por su partido, Fidesz (acrónimo en español de “Alianza de Jóvenes Demócratas”) en fusión con Unión Cívica Húngara. El pasado 12 de abril fue derrotado en las elecciones por Peter Magyar.
En los hechos el Gobierno de Orbán fue una democracia iliberal ganándose ese rótulo a pulso pues gradualmente fue concentrando el poder hasta apropiarse también del poder judicial y del legislativo lo que le permitió imponer sus ideas en múltiples facetas de la vida ciudadana incluyendo la educación, a la que intentó alinear con el contenido de la ideología personal y de su partido vulnerando la autonomía universitaria, y en especial mencionaré aquí que con penetración excesiva en la ciencia imponiendo la colocación de personas favorables a su gobierno en la investigación y el desarrollo científicos.
Destaco esto aquí porque será precisamente el motivo principal de este artículo. Las expresiones de algunos científicos hablan por sí mismas de la percepción de estrangulamiento que sobre la actividad científica ejercía el gobierno de Orbán: “El futuro de la ciencia húngara sigue siendo incierto e impredecible pero al menos hay la esperanza de que vendrá algún cambio” y “lo que realmente necesitamos es estabilidad y transparencia; en los últimos años el ambiente científico ha sido aquí muy turbulento”, son expresiones manifestadas por una neurocientífica del Centro de Investigación Biológica de Szeged, Imola Wilhelm.
Una muestra grave de la penetración gubernamental en la actividad científica lograda paulatinamente en el gobierno de Viktor Orbánes que, por el alejamiento intencional de Hungría de la Unión Europea, se perturbaron la fluidez de proyectos de investigación con otros países europeos; hoy se abriga la esperanza de que la retoma de la autonomía académica institucional, así como la reincorporación de las universidades y organizaciones de investigación húngaras, sean de nuevo asimiladas a proyectos europeos. La Liga de Universidades Europeas de Investigación desearía que el nuevo Gobierno húngaro impulse y custodie la libertad académica “a diferencia del Gobierno anterior”.
No son pocos los gobiernos de buen número de países que, con su indebida intromisión en diversas áreas de la vida ciudadana, han paralizado o enlentecido el desarrollo y verdadero progreso; son gobiernos autoritarios que suelen tener un antojo irresistible por intervenir -no precisamente para impulsar sino para controlar e incluso dictar- en lo que es materia propia de la libertad individual, colectiva y gremial como ocurre especialmente con la educación científica y tecnológica, el arte y otras actividades que no pueden ser productivas bajo consigna oficiosa.
Tenemos que aprender de Orbán lo que no debe suceder. ¿Qué historia tiene México en aportaciones bien reconocidas en ciencia y tecnología? No pocas, veamos unas cuantas:
La generación de veneno antialacrán y antiaraña por un investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM durante las décadas de 1990 y 2000 -el doctor Alejandro Alagón- que ha salvado miles de vidas en todo el mundo.
En química atmosférica nada menos que la protección ambiental con los estudios sobre el comportamiento de la capa de ozono, resultado de los trabajos de Mario Molina, Premio Nobel de Química en1995.
En ingeniería civil, el invento por Heberto Castillo de la tridilosa, mezcla de concreto y acero que es más ligera pero más fuerte que la tradicional y de menor costo, utilizada en gran cantidad de proyectos de infraestructura.
En nanomedicina contra el cáncer de la doctora Tessy María López Göerne por la inyección de nanopartículas en tumores malignos mejorando la eficacia del tratamiento.
Y tantos logros más que no hubiesen sido posibles si los investigadores se sintieran acotados y presionados por los gobiernos autocráticos y sus ideologías.
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