Tijuana

Gustavo creció con el enemigo en casa

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Por Nicolle De León

Gustavo creció con el enemigo en casa

Gustavo creció con el enemigo en casa

En sus muñecas tiene marcas recientes de haber estado maniatado diez días bajo la custodia del narcotráfico en Baja California, en este punto Gustavo recuerda cómo desde pequeño estuvo expuesto a un entorno de drogas que lo arrastró al borde de la muerte.

En un centro de rehabilitación de Mexicali, Gustavo Rayón de 31 años, debe luchar contra la farmacodependencia que le dejó una vida rodeada de drogas, los estragos mentales y físicos aún son notorios; las deudas con distribuidores, letales.

El consumo de estupefacientes de su padre y un tío, son los lazos consanguíneos que proyectaron en su subconsciente la normalización del peligroso mundo de las drogas que trastoca la infancia de millones de mexicanos.

“Nunca estamos libres porque tú sabes que la tentación puede llegar en cualquier momento. La droga; la tentación y la ansiedad van agarradas de la misma mano”, reflexionó.

Gustavo ha tenido varios procesos de rehabilitación en los que ha caído nuevamente en el consumo, lo máximo que ha durado son dos años limpio, asegura, y actualmente está en proceso de volver a limpiar su organismo del “crystal” y la mariguana, drogas que consume desde los 14 años.

Precisó que su madre y hermanos no consumen, el problema fueron las amistades, aunque desde pequeño recuerda haber visto a su padre en varias ocasiones inhalando cocaína.

“Tengo un tío que consumió droga, mi papá era músico y usaba cocaína, pero lo miraba así cada cierto tiempo, lo dejé de frecuentar a los 9 o 10 años, siempre se hizo cargo, pero tú sabes, siempre hay problemas familiares”, describió.

Explicó que se le hizo normal haberse involucrado en el tráfico y consumo de drogas, porque la gente de Sonora es más aventada, aunque también aceptó que en Mexicali se usa mucho la droga sintética.

Se crio en Navojoa, Sonora en donde estuvo involucrado en pandillerismo desde niño, a los 18 años llegó a Tijuana con una adicción e ingresó al Ejército, pero esto no lo alejó de la farmacodependencia.

“Estuve cinco años en las fuerzas armadas, luego me metí en el narcotráfico, anduve en Sonora bajando mariguana en costales y la pasábamos al otro lado, pero desde el 2014 me calmé porque tengo un deseo sincero por cambiar, de tener una vida normal, un trabajo tranquilo, en paz, porque ya he estado al borde de la muerte a consecuencia de la droga”, confió.

Rayón señaló que en su vida lo que más lo dañó fue la ausencia de su padre, le hubiera gustado tener más confianza con su mamá, quien los crio a él y a sus cuatro hermanos, siendo una familia de bajos recursos.

Al borde de la muerte
“He estado varias veces al borde de la muerte, porque te metes en problemas por alguna dosis o un producto que estés vendiendo, y sabes que a veces te gastas el dinero y quedas mal, uno sabe que lo andan buscando”, reveló.

Hace algunos meses personas de la delincuencia organizada lo tuvieron amarrado de sus manos con esposas, “tú sabes, diez días me tuvieron amarrado, ahorita ya se calmaron los problemas, nomás fue un ajuste de cuentas, es que hasta por 100 pesos te andan matando ahorita”, informó.

“Las calles están peligrosas y si debes dinero más, sí me han amenazado de muerte unas cuatro o cinco veces, esta vez me metí en problemas por unos cuadritos de mariguana”, relató.

Gustavo precisó que no lo levantaron, él mismo fue a la casa donde lo privaron de su libertad, lo amarraron y golpearon, su ojo derecho aún tiene marcas de los azotes, logró salir con vida porque alguien pagó lo que les debía.

Rayón compartió que el mundo de las drogas va envolviendo poco a poco a los menores sin darse cuenta, y cuando menos piensan ya están involucrados en niveles peligrosos.

“He conocido muchas personas metidas en problemas con el narco, menores, mayores, en la calle te encuentras de todo, y ni modo de darles un consejo, porque no escuchan ni a los padres”, advirtió.

“Voy a salir adelante por mi niña y sé que tengo todas las de ganar, al principio empiezas jugando y terminas llorando, porque no te das cuentas que estás enganchado y ahí nadie gana, el único que pierde es uno”, reflexionó Gustavo.
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