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Un paraíso llamado biblioteca

Hay libros que crispan, que te incomodan, que te ponen la carne de gallina. La biblioteca en llamas (2019), de Susan Orlean, es uno de ellos.

Por Gabriel Trujillo

Hay libros que crispan, que te incomodan, que te ponen la carne de gallina. La biblioteca en llamas (2019), de Susan Orlean, es uno de ellos. Esta obra cuenta el incendio de la biblioteca de Los Ángeles en 1986, pero es mucho más que la crónica de una conflagración que destruyó más de un millón de libros: es el relato personal de su autora con las bibliotecas desde que su madre la llevaba a ellas de niña.

Es la historia de las bibliotecas como refugio de tipos excéntricos y de personas que han decidido dedicar su vida a ofrecer el placer de la lectura a sus respectivas comunidades.

Es el reconocimiento de que las bibliotecas son santuarios públicos, abiertas a todas las creencias, pensamientos y saberes, para el recogimiento, la imaginación, la investigación y el ocio. Pero este libro no se queda en estos recuentos: también es la historia del almacenamiento de los libros, revistas, periódicos, videos, fotografías y documentos que nos dan identidad como sociedad y como individuos.

He aquí a las bibliotecas como reservorio de la memoria colectiva de la humanidad. Y es igualmente la historia de su destrucción (por odio, por negligencia, por ignorancia) a lo largo de las eras, en todas partes del mundo, desde la biblioteca de Alejandría hasta la de Los Ángeles.

Un relato triste y esperanzador al mismo tiempo, donde la biblioteca se vuelve un espacio donde convergen libros gratificantes, lectores insaciables y placeres compartidos. Para Orlean, la biblioteca es un laberinto encantado, donde todos podemos perdernos para descubrir las distintas facetas que nos hacen humanos en toda época y lugar.

La autora reconoce que fue su madre la que le inculcó el amor por las bibliotecas y que su libro nace, tiene su necesidad de ser como intento por recuperar los recuerdos de esa convivencia familiar ahora que su madre ha muerto, que su interés mayor es salvar tales recuerdos del “corrosivo paso del tiempo”.

Orlean está consciente de que “todos estamos condenados a ser olvidados; que la vida es un viaje que nos enlaza con los relatos de otros que han vivido antes que nosotros y que nosotros mismos luchamos para dejar un legado de nuestras vidas en los que vendrán”. Y ante ello, nuestra autora ha aprendido a escuchar esas otras voces que contienen los libros, las revistas, los diarios, las fotografías, las películas. Todo eso que uno puede oír y ver y leer en una biblioteca.

Orlean sabe, como escritora que es, que “escribir un libro, al igual que construir una biblioteca, es un acto de puro desafío. Es la declaración de que uno cree en la persistencia de la memoria”. 

Por eso son tan importantes los libros y por eso, los lugares donde se les conserva y se les protege, las bibliotecas, representan el espíritu de la humanidad que no se deja vencer por el transcurrir implacable del tiempo, que no admite el olvido mientras alguien pueda leer una historia y compartirla con los demás.

Pero la propia autora acepta que hoy en día las bibliotecas no son sólo libros. Y la historia misma de la biblioteca de Los Ángeles es prueba de ello. En su evolución, desde fines del siglo XIX, esta biblioteca ha sido sitio de préstamo de bicicletas, escuela con talleres de manualidades, refugio en caso de catástrofes, puesto de información cívica, asilo para los vagabundos y las personas sin hogar (y hoy en día para muchos indocumentados), centro de salud, promotora deportiva y muchas otras actividades.

En este siglo XXI, cuando las bibliotecas virtuales proliferan, las bibliotecas en muchas partes del mundo ya son centros comunitarios de entrada gratuita, donde a nadie se le niega la entrada, donde siempre hay un asiento y una mesa a su disposición, donde se puede encontrar un momento de tranquilidad  y un lugar para recuperarse de las arduas realidades de la vida.

Eso también cuenta Susan Orlean en La biblioteca en llamas. Y no sólo eso. Su libro es un homenaje a un sitio donde la gente quiere ver cara a cara un libro, sopesarlo en sus manos, leerlo ahí mismo, en una sala bien iluminada, o llevárselo a su casa para disfrutarlo a la hora que pueda. Para Orlean, eso es el paraíso: un espacio cómodo donde todas las voces creativas e informativas nos hablen, nos respondan, nos compartan sus  datos, ideas, aventuras o sentimientos. Un sitio para todos en gozosa comunidad.

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