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Columnas Transiciones

Sentido de realidad

Ha concluido una fase muy importante del proceso electoral mexicano. Hoy iniciamos los cómputos distritales para recontar y cotejar los votos.

Por Victor Alejandro Espinoza

Ha concluido una fase muy importante del proceso electoral mexicano. Hoy iniciamos los cómputos distritales para recontar y cotejar los votos. Después de la elección de 2006, cuando la legislación y los criterios del Consejo General del Instituto Nacional Electoral determinaban abrir muy pocos paquetes electorales a pesar de las evidencias de irregularidades, hemos avanzado notablemente en este ámbito. Por ejemplo, en el distrito 08 federal de Baja California, abriremos el 92% de los paquetes electorales ante cualquier tipo de irregularidad detectada en las actas o porque los funcionarios no dejaron por fuera el acta con los resultados que sirve para alimentar el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

Hacia el día viernes 11 tendremos los resultados definitivos, salvo los casos que irán a los tribunales electorales, de la elección más grande la historia política y que incluyó la renovación de la Cámara de diputados y de poderes locales en las 32 entidades. En 15 de ellas se eligieron gobernadores.

Llegamos a este proceso electoral en medio de una polarización ideológica y política sin precedentes. Las oposiciones calcularon que descarrilar al partido Morena era ponerle una zancadilla al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Utilizaron todos los recursos posibles, así como dispusieron de las tribunas, espacios y editorialistas para generar la idea de que se jugaba el futuro del país. Fueron meses de una estrategia de comunicación bien sincronizada, que al parecer no rindió los frutos que calcularon. Desde luego, esta estrategia tenía del otro lado, a un presidente que cree firmemente en que debe ejercer su derecho de réplica. El estilo personal de gobernar de AMLO no incluye en su inventario “poner la otra mejilla” cuando lo atacan.

Esta polarización, que todos reconocemos pero que diferimos en cuanto a las causas, generó un escenario en el que se puso sobre la mesa la idea de que estaba en juego el futuro del país. Se trataba de la primera parada en un camino de confrontación que va de la consulta para juzgar a los ex funcionarios y que se realizará en agosto próximo; la consulta sobre la revocación de mandato en 2022 y, hacia el final del 2003, cuando arranca el proceso electoral en el que estará en disputa la presidencia de la República.

Una de las expectativas era ver si esta guerra sucia contra el gobierno de AMLO y el escenario de la pandemia que había tenido consecuencias graves para México, determinarían la derrota comicial del partido del presidente. Con todo en contra y con los antecedentes de que toda elección intermedia pasa factura al gobierno en turno, los resultados en general son positivos para el proyecto de la 4T. Lo dice de manera resumida y precisa el académico Javier Arzuaga: “El de AMLO es el primer gobierno federal desde 1991 que no sale de la elección intermedia como gobierno dividido”. No es una noticia menor.

Con los resultados, en los cuales la alianza que encabeza Morena refrenda la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, condición que ya tenía en la Cámara de Senadores, en un contexto en el que la pandemia habrá cedido, se vislumbran tres años muy favorables para el proyecto de transformación. Esto no lo quieren ver las oposiciones, que sólo reiteran la derrota de Morena en algunas alcaldías de la Ciudad de México, pero nada dicen acerca de que la alianza morenista ganó 11 de las 15 gubernaturas en disputa.

Considero que una de las consecuencias del proceso electoral debería ser un trabajo de evaluación y autocrítica de los partidos. La baja institucionalidad, la antidemocracia de la vida interna y procesos de designación de candidaturas muy cuestionables, deberían ser motivo de un fuerte e intenso proceso de revisión partidista. De eso depende en mucho el futuro de los partidos políticos mexicanos y sus posibilidades para competir en mejores condiciones por el triunfo contando con el refrendo ciudadano. Me temo que no lo harán. Lo que ya escucho es una justificación de sus derrotas o un triunfalismo exagerado. Aplicar el sentido de realidad debería ser su tarea. Lamentablemente, salvo excepciones, las voces de las dirigencias se escuchan en la dirección de encontrar culpables a sus saldos negativos fuera de sus organizaciones. Pese a todo, espero que el sentido de realidad impere y que algunos militantes y líderes sensatos hagan la tarea. El 2024 está a la vuelta de la esquina.

*- El autor es Investigador de El Colegio de la Frontera Norte/Profesor Visitante en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego.

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