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Columnas Postigo

Salud y escuelas precarias

No son pocas las tropelías que siendo patrocinadas por actos de corrupción e impunidad hayan salido, precisamente a flote... 

Por Antonio Medina de Anda

No son pocas las tropelías que siendo patrocinadas por actos de corrupción e impunidad hayan salido, precisamente a flote, durante el catastrófico Covid-19 multiplicador de la zozobra que llevada a flor de piel se materializa en ansiedad, miedo, impotencia o enojo acelerados a la vez, por la información respecto a la devastación de bienes propiedad de la nación.

Sobre la pandemia no hay mucho por agregar respecto a su impacto y encarrila miento profesional salvo las notas amarillistas difundidas por la derecha, las ocasionales contradicciones entre funcionarios del gobierno, estadísticas que no siempre cuadran y las perspectivas a solventar en el corto y mediano plazo razón obvia si dicha anormalidad, en obediencia a un fenómeno mundial, hace que la sanación y secuelas tiendan a restablecerse, si no de manera uniforme, de menos en gran parte del cosmos ya que la producción, comercio, finanzas o empleo al ser rudamente trastocado conduce a una crisis anclada por encima de la propia epidemia.

En cuanto a la corrupción que por décadas no pasó de conjeturas, generó algunas denuncias o señaló quien y como causaron alevoso daño; esta vez ha implicado enfrentar la corrupción más con enojo que apaciguados de parte de los ciudadanos que han escuchado, leído o visto las denuncias y pruebas que los responsables de aplicar la ley (fiscalía, hacienda. jueces,) han exhibido en contra de una runfla de corruptos, principalmente priistas, causantes de perpetrar una y mil malversaciones al erario, cometido millonarias estafas, escamotear servicios a cambio de moches o simplemente hurtando lo que exista a su alcance: Pemex, CFE, Minería, Gas, entre otros que son  parte de la ordeña.

Mas, y a pesar de la lucha contra el Covid-19 y la corrupción; un par de sombras yacen imperturbables, inflexibles a cualquier voluntad que por convicción o interés político se incline a mejorar el estado de cosas donde el sector salud y el educativo a duras penas resisten cuando, el primero, de cara al mortal contagio el desamparo hospitalario, equipo médico y de recursos humanos la mafia del poder medianamente apuntaló y abandonó durante lustros a causa de los fondos que nunca llegaron a su destino.

En cuanto al conjunto educativo básico; retomaremos los datos que años atrás el INEGI dio a conocer por medio de un desolador diagnostico dando cuenta de los signos decaídos que abruman a la escuela los que, sin ninguna duda, siguen perdurando.

Veamos: existen 298 mil “profesores” en nómina pero sin trabajar. 115 mil jubilados. 113 mil trabajan en actividades inciertas por no decir evadidos del aula. En otro rubro el censo registró 138 mil maestros con tres plazas simultáneas a pesar de los censos escolares carentes de electricidad, agua potable, drenaje, pizarrones, mesa bancos, y espacios deportivos aun cuando el mapa correspondiente señaló decenas de solares como escuelas sin existir ninguna construcción.

Definitivamente la precariedad existente en la salud y vida escolar; refrendan la prueba más contundente sobre la desigualdad social reinante…

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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