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Columnas Ecoanálisis

S u b s u e l o

“Yo pá riba volteo muy poco; tu pá bajo no sabes mirar”, dice José Alfredo en su célebre canción “Tú y las nubes” Y los humanos como “aquella” ingrata, pá bajo no sabemos mirar.

Por Alberto Tapia

“Yo pá riba volteo muy poco; tu pá bajo no sabes mirar”, dice José Alfredo en su célebre canción “Tú y las nubes” Y los humanos como “aquella” ingrata, pá bajo no sabemos mirar. Hasta llegamos a creer que el Mundo es horizontal, sin Cosmos y sin subsuelo. En cambio, muchas culturas prehistóricas le daban mayor importancia al subsuelo, la realidad que subyace bajo nuestros pies.

Y todas esas culturas que consideraron al subsuelo como parte del Mundo le otorgaron una connotación negativa, el inframundo de los Mayas. Las cavernas para entrar al oscuro recinto de los muertos o más reciente, al infierno. Eternos valores del positivo arriba, en el Cielo; lo negativo abajo, en el subsuelo.

En este sentido, el sufrido cantante de “Tu y las nubes” se valoraba muy bajo, como si anduviera así volando, si no en el inframundo, tampoco en el Cielo. Su visión de ubicación obedece más bien al eurocentrismo (cielo e infierno) heredado de la alta y baja sociedad que de alguna manera obedece también a lo alto fino y valioso; lo bajo pobre y corriente.

A partir de la Ilustración, las Ciencias, en este caso la Geología, nos enseñó la existencia y participación del magma del núcleo planetario en los caprichosos movimientos de la corteza terrestre.

El pasado 4 de abril, décimo aniversario del magno sismo de 7.2 grados que sufrimos los regionales en 2010, se vió eclipsado por la pandemia, pero no para la región sísmica que habitamos que nos lo recordó con un estremecimiento de 4.6 grados. El recuerdo de los daños sísmicos de hace una década nos obliga a “voltear pá bajo”. El subsuelo no es estático, inamovible, por el contrario, está en continuo movimiento pero tan lento que no lo percibimos.

La Placa Oceánica sigue lentamente separándose de la Placa Continental de América. Nosotros viajamos en la Oceánica. El resto de México se queda atrás, tras, tras.

Pero tenemos la mala suerte de que la corteza o manto sobre la que literalmente navegan los Continentes, en nuestro caso no es del mismo grosor. La península bajacaliforniana tiene en el Norte unos 40 kilómetros de espesor bajo la cordillera y solamente 10 bajo La Salada y Golfo de California. Y a esa diferencia se deben los paisajes tan distintos a pesar de contiguos.

Este movimiento tectónico en su parte delgada se rompió y separó a la península del Continente y creó el Mar de Cortés hace ocho millones de años. Luego, hace cinco millones, elevó el suelo en su parte gruesa hasta los 3,096 metros creando las sierras de Juárez y San Pedro Mártir. El mar fue primero, luego la sierra, nosotros después. Estricto orden cronológico. Estamos pues como el jamón del sándwich o como José Alfredo. Miramos muy poco a nuestras sierras y “pá bajo” ni conocemos. Vivimos sobre un subsuelo fracturado de futuro incierto. Y como aquellas culturas ancestrales, un día culparemos al inframundo de una catástrofe sísmica.

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