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Columnas Sueños de Plata

Milagro en la Celda 7 / Dir. Mehmet Ada Oztekin

Continuando con recomendaciones para esta cuarentena, me topo con una película que está haciendo llorar a más de uno en Netflix.

Por Manuel Ríos Sarabia

Continuando con recomendaciones para esta cuarentena, me topo con una película que está haciendo llorar a más de uno en Netflix.

Milagro en la Celda 7 es uno de dos remakes de la cinta coreana homónima del 2013 (el otro es filipino del 2019), ambas, comedias ligeras, que de tener una versión mexicana, seguramente sería protagonizada por Derbez o Chaparro.

La adaptación del turco Oztekin opta por el melodrama, elevando el contenido a un ámbito ligeramente más realista y manipulando los sentimientos del espectador al máximo. El resultado es una mezcla de Milagros Inesperados (Frank Darabont, 1999), La Vida es Bella (Roberto Benigni, 1997) y Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), en que un hombre con discapacidad mental es acusado del asesinato de una niña, lo cual obviamente lo separa de su hija pequeña, al ser encarcelado y sentenciado a muerte.

A pesar de la evidente sensiblería, que en momentos alcanza niveles de Benigni, Oztekin logra equilibrar el material, obsequiando las necesarias reflexiones, que inevitablemente, en estos momentos nos refieren a la situación por la que estamos pasando.

Por un lado se encuentra el aspecto de los inocentes que son injustamente encarcelados ¿cuántas prisiones están llenas de individuos en esa situación?, por otro, el aspecto de la compasión y la redención de quienes sí fueron culpables de algún crimen.

La cinta de Oztekin logra su cometido, jalar los hilos emocionales, con la ayuda de una buena carga musical manipuladora y la innegablemente encantadora actuación de Aras Bulut Iynemli, como Memo, el inocente en cuestión.

A quienes hemos podido mantenernos en cuarentena la temática de la cinta nos puede llevar a hacer una comparación que parecería exagerada pero cuyas consecuencias nos llevan por los mismos caminos de algunos de los personajes de la película.

La realidad es que la pandemia, para quienes toman en serio sus efectos y la forma en que ésta puede afectar a los demás, nos ha llevado a ser privados de nuestra libertad bajo pena de muerte. Quizá a un nivel mucho menor que el de una prisión, obviamente (aún podemos salir a lo indispensable), pero la forma en que esto nos afecta es definitivamente irrefutable.

A la fecha las cifras oficiales de covid en México suman 4,219 casos confirmados y 273 muertes, lo cual no concuerda con que sólo en Baja California son 370 casos y 30 decesos. Por otro lado el doctor Gatell, quien se ha convertido en lo que parece nuestra única esperanza, sin duda sustituyendo a la virgen de Guadalupe en las mentes de millones de mexicanos, ya mencionó que las estadísticas estiman por lo menos 26,000 casos (eso ya hace varios días).

Si no se habían querido concientizar de la gravedad de la crisis, este es el momento. Quedémonos en casa. Esta situación, única en nuestra vida y la de muchas generaciones (excepto de los pocos sobrevivientes de la gripe española aún con vida) nos está llevando irremediablemente a cambiar nuestra perspectiva de la vida. Como si de un apagador se tratase, algo está haciendo click en nuestra mente.

Tal como los prisioneros en la penitenciaría de Mugla E Type, donde encierran a Memo, empezamos a darnos cuenta de lo que realmente tiene valor en la vida. Los lujos, la diversión, los viajes pasan a segundo término. Ahora comenzamos a apreciar las cosas más sencillas y que verdaderamente son las únicas invaluables. Nuestras relaciones, nuestra familia, nuestros amigos. Un abrazo, un beso.

Hay quienes tienen la fortuna de estar encerrados con sus seres queridos y con ello la oportunidad de mantener un vínculo afectivo y la fortaleza y respaldo que brinda el contacto físico. Hay muchos otros que se encuentran aislados individualmente, justo por seguridad de los demás, sobretodo de los más susceptibles, como adultos mayores. En cualquiera de los casos debemos ser fuertes y mantenernos positivos. Crear cadenas de apoyo a través de la tecnología, para todos los que tenemos acceso a ella.

Debemos actuar como los compañeros de la celda 7, que encontraron compasión y empatía en ellos para apoyar a Memo. El sacrificio que se nos pide a nosotros es mínimo comparado con la labor de los trabajadores del sector salud y proveeduría de servicios básicos.

Debemos quedarnos en casa todo el tiempo que podamos. Esto, para muchos, puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

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