No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Ideas verticales

Me atienden, pero no me entienden

Esta frase, hecha famosa por un exgobernador bajacaliforniano al expresar su frustración como “Zar del Frontera Norte” al describir el trato recibido por fronterizos de parte los funcionarios federales radicados en la capital del país.

Esta frase, hecha famosa por un exgobernador bajacaliforniano al expresar su frustración como “Zar del Frontera Norte” al describir el trato recibido por fronterizos de parte los funcionarios federales radicados en la capital del país, podría explicar de manera contundente la controversial toma y liberación de la caseta de cobro de la carretera de cuota 1D, a la altura de playas de Tijuana por el gobernador de nuestro estado Jaime Bonilla acompañado de residentes del corredor costero Tijuana-Playas de Rosarito.

Es de todos sabido que la distante e indiferente relación que históricamente hemos recibido los bajacalifornianos del gobierno central, ha sido un tema complicado de resolver. Sin embargo, no todo el tiempo ha sido así; en la década de los setentas, existió una especie de oasis presupuestal durante la gestión del gobernador Milton Castellanos, donde éste encontró las formas y el camino para que nuestro estado fuera favorecido justamente desde el presupuesto federal. De ahí surgieron los grandes proyectos que cambiaron la fisonomía de nuestro estado y lo dejaron preparado para lo que sería un próspero y moderno porvenir. Esos tiempos no volverán.

La caseta de cobro en cuestión se encuentra en el tramo de carretera que conecta la ciudad de Tijuana con Playas de Rosarito. Originalmente, la motivación principal para construir esta carretera de cuota hasta Ensenada fue detonar la vocación turística del corredor, convirtiéndose en la puerta de entrada a la futura carretera transpeninsular. Es innegable que, en lo general, es una de las mejores y más panorámicas carreteras del país y hemos gozado de ella residentes y visitantes durante casi cincuenta años ya. Tampoco queda duda de que ha cumplido con creces su papel de como eje detonador del desarrollo turístico de la región.

Sin embargo, desde su inauguración en 1973 la zona de Tijuana y Rosarito han cambiado radicalmente. Rosarito era un apéndice del municipio de Tijuana, y ya ahora es un próspero e independiente municipio parte integral de una gran zona metropolitana. Para que se pueda desarrollar un sistema de movilidad integral dentro la metrópoli, es de vital importancia liberar el tramo de la carretera de cuota en cuestión sin que esto signifique necesariamente que el gobierno federal tenga que renunciar al flujo económico que hoy recibe; una posible solución es forjar un esquema para que a través de un cobro indirecto se logren recaudar los fondos que la puedan sostener. No hay que ir muy lejos para observar ejemplos similares. El tramo de cuota de la carretera 125 que va desde la garita de Otay hasta Chula Vista fue desarrollado por una asociación público-privada que a través de un peaje a los automovilistas recuperaría su costo de inversión y operación más una utilidad para el socio privado. Desafortunadamente, por falta de aforo, sobre costos y litigios de contratistas entre otras razones, el concesionario de la carretera entró en bancarrota. Esta carretera entonces fue arrendada y posteriormente vendida a la asociación de gobiernos de San Diego (SANDAG) por 341 MDD utilizando 254 MDD de recursos provenientes de TransNet, fondo donde el organismo capta recursos a través de una sobre tasa regional de 0.5% al impuesto de adquisiciones de California. Este, se viene recaudando desde hace más de 30 años y ha impulsado y permitido fondear localmente proyectos y obras de transporte público, ciclovías, corredores peatonales y mantenimiento de vialidades, así como adquisición de espacios públicos y tramos carreteros.

Así que es mi opinión, que es hora de que los bajacalifornianos encontremos la madurez para hacer a un lado la grilla, los colores y las siglas partidistas, para sumar esfuerzos de todos los actores de la metrópoli para que, a pesar de la indiferencia del gobierno central, pongamos la vista en el futuro de nuestra región y encontremos colectivamente los consensos y mecanismos financieros que nos permitan tomar el control de nuestro estado y región.

De otra forma, sobre todo ahora que el gobierno federal ha recuperado la caseta liberada por los bajacalifornianos, acostumbrémonos a la mediocridad y a la indiferencia del gobierno central.

* El autor es arquitecto tijuanense, pro ciudades compactas.

Comentarios