No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas El mundo me da vueltas

Los árboles son verdes y el cielo azul

Si hay una cosa de la cual deberíamos de preocuparnos en la vida es de engañarnos a nosotros mismos. Nada peor que pretender que no pasa nada y que el mundo se te esté viniendo encima.

Por Pepe Avelar

Si hay una cosa de la cual deberíamos de preocuparnos en la vida es de engañarnos a nosotros mismos. Nada peor que pretender que no pasa nada y que el mundo se te esté viniendo encima.

México, nuestro país que tanto nos ha dado y por el cual tanto intentamos hacer, se está descomponiendo aún mas. No es que antes estuviésemos mucho mejor pero, por un momento en el pasado, sentí que teníamos algo de rumbo, un poco de dirección y visión de futuro, una meta que cumplir.

Hemos tenido malos -algunas veces malísimos- gobiernos y aún así el país había salido adelante, pero hoy creo que estamos ante una encrucijada mas difícil que antes: la separación entre los ciudadanos.

Con un discurso segregacionista, el Presidente actual se ha dedicado a incitar el odio entre los ciudadanos. Utilizando conceptos que nadie entiende a cabalidad ó que no se identifica plenamente con ellos, está jugando a la superioridad moral y decide ponerte en un bolsa o en otra. Conservadores y Liberales. Chairos y fifís. Los de arriba y los de abajo. El pueblo bueno y el malo. Su dedo redentor lo mismo juzga a quienes tienen “mucho” o salva a quien “ya no se va a portar mal”.

El problema, como siempre, no es tener quien nos divida de tan feos modos y con un lenguaje casi arcaico y hasta jodidamente religioso, sino que los mexicanos se lo hemos “comprado”.

Es una verdad de Perogrullo: los árboles son verdes y el cielo azul. Cuestión de leer en redes sociales, en la comunicación digital, en las reuniones sociales y en los memes, para darnos cuenta que estamos divididos como personas, como grupos, como sociedad: estamos enojados entre nosotros, que unos les echamos la culpa a los otros (o viceversa) y que nos ponemos en puntos de vista muchas veces irreconciliables.

Hace mucho que platico una anécdota sobre lo efímero del nombre del gobernante en turno y cómo los empresarios, los ciudadanos, las amas de casa, los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, los jóvenes y los niños, aquí vamos a seguir una vez que terminen sus encomiendas.

Alguien que ocupa un puesto público nunca dura mas de 3 o 6 años, si bien le va, y nosotros aquí seguimos (con excepción, que confirma la regla, de algunos ratas que andan en “permanencia voluntaria).

Pero el tema hoy somos los ciudadanos. Los que trabajamos todos los días, los que seguimos pagando impuestos. Esos que en 4 años aquí estaremos para seguir dando empleo ó trabajando para que la economía no decaiga ó para educar a nuestros hijos ó nuestros alumnos. Esos que no nos vamos a ir a ningún lado porque ese es nuestro papel.

¿Por qué hemos dejado que nos enfrenten? ¿Por qué hemos adoptado la práctica de juzgar al prójimo sin conocerlo? ¿Por qué estamos despreciando al que no es igual o no piensa como nosotros? ¿Desde cuándo hemos coincidido con que la separación de clases, racial o geográfica te da mas o menos privilegios u oportunidades o te hace mas o menos como persona? ¿Desde cuándo el racismo, el clasismo, la política separatista está en toda la sociedad y no solo en una parte?

Mal hemos hecho como personas al aceptar este discurso que además proviene de alguien que en muy poco tiempo se va a su rancho en Tabasco.

Basta. Algo tenemos que hacer antes de que sea demasiado tarde.

No se si lo que necesitamos es una política de reconciliación, un cambio de lenguaje, un rechazo absoluto a la discriminación y la segregación, pero lo que estoy seguro es que ya no podemos permitir que alguien con carácter de efímero nos divida de esta manera.

La herida social que puede dejar en el país la continuidad de este discurso puede ser muy grave y de consecuencias permanentes. No creo que eso sea la “transformación” que estamos esperando.

Creo que es momento de poner un alto y como ciudadanos, cambiarnos el “chip”. Ojalá lo entendamos antes de que sea demasiado tarde.

* El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

Comentarios