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Columna Huésped

Laguna Hanson: la leyenda negra

El 27 de abril de 1962 se declaró, alrededor de la Laguna Hanson, el parque nacional Constitución de 1957, en la sierra de Juárez, en el municipio de Ensenada.

Por Gabriel Trujillo

El 27 de abril de 1962 se declaró, alrededor de la Laguna Hanson, el parque nacional Constitución de 1957, en la sierra de Juárez, en el municipio de Ensenada. Desde entonces, este sitio de nuestro patrimonio natural y ecológico ha sido foco de atención de paseantes, fotógrafos y artistas de todo nuestro país. Sin embargo, este lugar lleno de hermosos paisajes y apacibles rincones donde la naturaleza se exhibe en todo su esplendor, igualmente cuenta con una historia de nota roja, una historia criminal que ocurriera en el siglo XIX y que pronto se volvió una leyenda de Baja California y un relato que nos hace ver que un bucólico paisaje no es sólo belleza boscosa y aguas cristalinas, sino que también es codicia y asesinato. Empecemos por decir que cuando acabó la guerra contra los Estados Unidos y se dibujó la frontera entre México y nuestro vecino del norte, miles de extranjeros pasaron a nuestra península azuzados por la fiebre del oro. Muchos, al ver agotados los placeres en California, siguieron su búsqueda de rápidas fortunas en Baja California. Toda la segunda mitad del siglo XIX fue de sobresaltos y violencia, de gavillas de bandoleros y de tropas de mercenarios en busca de botín o tierras. En ese ambiente, contrastaba la presencia de Jacob B. Hanson, que había llegado a ese sitio paradisiaco buscando el contacto con la vida natural, la tranquilidad de espíritu para hacer su vida en nuestra entidad. Pero Hanson era la excepción a la regla predominante en esos tiempos. Lo que sobraban en la frontera era gente que se aprovechaba de los demás a punta de pistola. Entre ellos estaban los hermanos Gaskill, Lumer y Sillas, conocidos rancheros de la pequeña población de Campo, a pocos kilómetros de la línea internacional con nuestro país. Hoy Campo es un poblado bien conocido por aquellos bajacalifornianos que prefieren sacarle la vuelta a la carretera de la Rumorosa, que une Mexicali con Tecate, y mejor utilizan la autopista número 8 que va del valle Imperial, sube por la sierra de Jacumba y llega hasta el puerto de San Diego. Campo poco ha crecido poco desde la época de la que hablamos hasta nuestros días. Volviendo a los Gaskill, como el ganado de estos pastaba a ambos lados de la frontera, a este par de hermanos, junto con sus cómplices, también les gustaba robar el ganado de los rancheros mexicanos y, como no eran los únicos estadounidenses con semejantes mañas, pronto tuvieron enfrentamientos a balazos con otras bandas que se dedicaban a los mismos menesteres del abigeo y el contrabando. Pero hay que señalar que, aun siendo bandoleros con varios muertos en su haber, los Gaskill contaban con una fachada de respetables comerciantes, con su respectiva tienda a su nombre, donde la gente de las cercanías iba a aprovisionarse. Costumbre que, al parecer, fue conducta general de los comerciantes de las nacientes poblaciones fronterizas, donde exitosos empresarios fueron, también, criminales de la peor ralea. Quien no era un villano de película de vaqueros era Hanson. De origen noruego, Jacob fue el primer occidental en residir en la Laguna Hanson (por eso ésta hoy lleva su nombre), donde levantó una cabaña y tuvo ganado que empezó a ser codiciado por los Gaskill. Cuando Jacob fue a Campo, en junio de 1885, se le vio entrar al poblado, pero nunca se le vio salir con vida. Al notarse su desaparición, se encontró su calesa con huellas de sangre y agujeros de perdigones. Poco después, un enviado del gobierno de Ensenada se apersonó en el rancho de Hanson y se topó con Lumen Gaskill y sus secuaces cambiando las marcas del ganado de Hanson a su favor y rompiendo todo porque buscaban un tesoro oculto por el noruego. De Jacob, no se hallaron ni sus luces. Se especuló que fue cremado en una chimenea u horno en Campo, pero como los perpetradores nada confesaron, jamás se supo el paradero de su cadáver. Los forajidos de la banda de los Gaskill fueron juzgados y sentenciados, pero Lumen logró evadir la justicia mexicana (sí, también desde entonces los jueces, extrañamente, dejaban en libertad a los delincuentes por falta de pruebas). De ahí viene la leyenda negra de la Laguna Hanson: un sitio de belleza sin igual y, a la vez, el motivo para un crimen del que la víctima, Jacob Hanson, fue uno de los primeros desaparecidos de Baja California. Lamentablemente, no el único ni el último.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua

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