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La visión racista de Juan Jacobo Baegert

En 1697, los primeros misioneros jesuitas pusieron pie en esta región del mundo e intentaron la hazaña de crear asentamientos permanentes para evangelizar a las tribus bárbaras de estas tierras septentrionales...

Por Gabriel Trujillo

En 1697, los primeros misioneros jesuitas pusieron pie en esta región del mundo e intentaron la hazaña de crear asentamientos permanentes para evangelizar a las tribus bárbaras de estas tierras septentrionales, que pertenecían a la corona española pero que habían sido dejadas de lado por no contar con suficientes riquezas como para establecer poblaciones en ellas.

Los jesuitas tardaron en subir hacia el norte peninsular y sólo comenzaron a evangelizarlo de 1752 en adelante, fundando en nuestra entidad sólo tres misiones. Pero el tiempo se les acababa, pues en 1767 el rey Carlos III expulsó a esta orden religiosa de su imperio.

En Baja California la orden de expulsión llegó un año más tarde, cuando apenas empezaban a colonizar lo que hoy es el estado de Baja California. y al irse al exilio a Europa, muchos de estos misioneros publicaron obras que contaban lo que habían visto o creían haber experimentado en América.

Entre estos escritos hay que destacar obras tales como Noticias de la California y su conquista temporal y espiritual hasta el tiempo presente (1757) de Miguel Venegas (1707-1764), Historia natural y crónica de la Antigua California (1780),  de Miguel del Barco (1706-1790), Noticias de la península americana de California (1772) de Juan Jacobo Baegert (1717-1777) y la más famosa de todas: la Historia de la Antigua o Baja California (1789) de Francisco Javier Clavijero (1731-1787).

En ellas es apreciable la vastedad de lecturas y conocimientos desde la que estos misioneros jesuitas contemplaron y estudiaron la Baja California. Son, en todo caso, libros para eruditos, para naturalistas con intereses enciclopédicos, en donde la descripción de Baja California sirve para ilustrar a los europeos sobre las maravillas naturales de esta región del mundo, pero también su enojo por la resistencia de los indígenas a ser sometidos en carne y espíritu.

Tal es el marco de referencia donde se sitúa un libro como La California de Baegert (2018) de la autora mexicalense Nylsa Martínez, donde se analiza la trayectoria del misionero jesuita de origen alemán Juan Jacobo Baegert, quien estuvo en Baja California por 17 años y cuya obra Noticias de la península americana de California, presenta según Martínez, “el pesimismo que el autor imprime al exponer su visión sobre las oportunidades de la California para integrarse a un proyecto misional, la dificultad que percibe para lograr cualquier gesto o asomo de civilización en sus habitantes”, lo que habla más de los prejuicios occidentales, de superioridad racial, de este misionero alemán que del temperamento real de los indios bajacalifornianos que describe con tanto enfado.

En todo caso, como Martínez lo precisa, este libro fue concebido como una defensa de la orden jesuita para los lectores europeos, donde los habitantes nativos de nuestra península son vistos como “tontos, torpes, sucios, insolentes, mentirosos, pillos, perezosos”, entre muchos otros calificativos de la misma especie. Es la visión de un misionero que se siente superior a los americanos nativos y tiene ganas de decirlo a tambor batiente.

Nylsa dice que el discurso de Juan Jacobo no es racista, sólo es ciego frente a los que no son como él, pero, ¿no es eso exactamente el punto de partida del racismo: ver a los otros como seres inferiores a uno, incapaces de estar a la altura de la cultura dominante, verlos como niños malcriados, como seres irracionales que no quieren aprender los modos y modas de la civilización en turno? ¿No es así como los racistas occidentales contemplaron a los africanos, asiáticos y americanos al colonizarlos por la fuerza? Baegert es racista porque su visión es piramidal, vertical, de desdén absoluto ante otras culturas.

Como él mismo lo dijera: “todo lo concerniente a California es tan poca cosa, que no vale la pena alzar la pluma para escribir sobre ella”, pero Baegert acabó escribiendo todo un libro sobre ella.

Tal es la creativa contradicción de su obra y esta contradicción se trasmina a la mirada de Nylsa Martínez en su intento de justificar lo injustificable, de ofrecernos, sin crítica de por medio, a un misionero jesuita que nunca vio nada bueno entre los californios de su tiempo.

Y al leerlo uno piensa en que el racismo mexicano actual viene de aquellos polvos, de esa creencia igualmente irracional de que hay vidas que valen más que otras, de que expresar semejante ideas con la mano en la cintura no es racismo. Sí, cómo no.

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