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Reflexión universitaria

La ‘falacia’ de terminar con la pobreza

El tema de la “pobreza” ha sido sumamente controvertido y debatido en todos los foros nacionales e internacionales, ha sido llevado y traído como bandera política en muchas campañas.

Por Gonzalo Llamas Bañuelos

El tema de la “pobreza” ha sido sumamente controvertido y debatido en todos los foros nacionales e internacionales, ha sido llevado y traído como bandera política en muchas campañas. La mayoría de los políticos se refieren al tema de la pobreza como asignatura de fácil solución, sin embargo, los gobernantes han abusado del tema sin medir las implicaciones que este concepto conlleva y el impacto que tiene en la definición de la política económica, sobre todo en el gasto público. Hay que recordar a López Obrador cuando llenaba las plazas públicas y con arengas repetía hasta el cansancio en sus discursos “primero los pobres”, para después darnos cuenta que intentaría terminar con la pobreza regalando dinero. No es regalando dinero como se termina o aminora la pobreza. La pobreza disminuye cuando existe crecimiento económico y se alcanzan niveles de bienestar y se consigue el desarrollo.

Para que la economía de un país tenga dinero para repartir se necesita el crecimiento del (PIB) Producto Interno Bruto. Hasta ahora y después de tres años de gobierno el presidente no ha podido impedir que millones de mexicanos cayeran en pobreza, incluida pobreza extrema. Sus decisiones provocaron que millones quedaran sin atención en materia de salud. Quiera o no el Presidente esta es la realidad de su política social. De acuerdo con los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), entre 2018 y 2020 el número de pobres en México aumentó en 3.8 millones, de los cuales 2.1 millones corresponden a personas que ahora están en pobreza extrema. No se debe analizar esa realidad sin tomar en cuenta la emergencia sanitaria, por un parte y el reporte mismo de esa institución señala que las políticas del gobierno evitaron que 2.5 millones de mexicanos se precipitaran al abismo de la pobreza y desigualdad.

Muchos analistas políticos han calificado esta administración como una “Fábrica de pobres”. En campaña López Obrador repetía hasta el cansancio “por el bien de todos, primero los pobres’’ y tenía razón cuando, como candidato, propuso a los mexicanos que se requería poner a los que menos tienen en el lugar número uno de la agenda pública. Ahora es claro que una parte de lo que como Presidente ha hecho –dar becas y pensiones– no es suficiente, mientras que su experimento en materia de salud es un fracaso del cual ya teníamos demasiados indicios por la escasez de medicamentos y de equipo para enfermeras y médicos. Total, que su política de desarrollo social ha fracasado, pues ha sido incapaz de abastecer de medicamento y equipo en el sistema de salud nacional.

La pobreza y la desigualdad campean por todo el país. Sin embargo, hay que aclarar que la pobreza es un problema estructural, es decir, proviene de la estructura económica y esta no desaparece por arte de magia, y va a desaparecer cuando desaparezca la propiedad privada y se convierta en una propiedad social. Pasar de una economía capitalista a una planificada. La economía capitalista está sustentada en la explotación del trabajo asalariado. Un sistema económico dividido en clases sociales: trabajadores y empresarios. Para que haya pobres tiene que haber ricos, es una contradicción, de tal forma que la pobreza siempre estará presente, se puede aminorar mas no desaparecer. Es una utopía pensar que en este sistema se terminarán las desigualdades sociales y la pobreza. Una enorme mentira que los políticos nos han vendido y que muchas veces se las compramos por la ignorancia que padecemos. Existen en nuestra sociedad personas que no creen que exista la pobreza y la pobreza extrema, necesitarían visitar algunos estados de la república para constatar las diferentes manifestaciones de este “flagelo”. Entre las consecuencias directas de la pobreza está el hambre y la desnutrición, pero existen otras más. La pobreza hace casi imposible que muchas personas accedan a servicios básicos como la educación, salud, vivienda digna o al agua potable. Este problema debiera atenderse a través de políticas públicas que incluyan necesidades sociales y no las dádivas que solo perpetúan la pobreza que únicamente sirven para conservar “de voto cautivo” y el poder.

 *- El autor es economista egresado de la UABC.

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