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Gobiernos en la revolución de la información

Usted puede que se inquiete (o alegre, según el caso), cuando le comente que existe la posibilidad que el Estado y gobierno como los conocemos hoy puedan desaparecer futuramente Su posible derrumbe no será necesariamente por una revolución violenta sino mediante la tecnología.

Por Roberto Quijano Luna

Usted puede que se inquiete (o alegre, según el caso), cuando le comente que existe la posibilidad que el Estado y gobierno como los conocemos hoy puedan desaparecer futuramente Su posible derrumbe no será necesariamente por una revolución violenta sino mediante la tecnología.

La primera gran revolución tecnológica fue la agrícola (10,000 A.C), en la cual el hombre pasó de ser cazador-recolector a ser agricultor. Este cambio obligó a humanos nómadas a asentarse en un lugar determinado para cosechar distintos productos para poder subsistir. Esto llevó a la domesticación de plantas y animales, la formación de sociedades sedentarias y el eventual surgimiento de estructuras político-administrativas.

La segunda fue la revolución industrial (siglo XVIII-XIX) caracterizada por la transición de producción a mano a métodos de manufactura realizados por máquinas. Esto permitió incrementar exponencialmente la productividad en la producción de bienes y servicios. El resultado fue un gran crecimiento económico y una explosión demográfica en países parte de este proceso como Reino Unido.

La tercera gran revolución tecnológica es la de la información, en la cual vivimos desde las últimas décadas del siglo XX. Esta se define por el rol central que tiene la información en términos económicos, políticos y culturales. Dicha información no es generada/procesada por humanos propiamente sino por computadoras a base de microprocesadores. En este caso, al igual que un producto o servicio, la información es una comodidad que puede adquirir un valor de uso o intercambio, por ende, un precio.

Actualmente, los grandes exponentes de esta revolución son los gigantes del internet como Google, Microsoft o Facebook. Tres empresas cuyo modelo de negocio gira en torno a la generación de información para distintos fines.

Si bien las anteriores revoluciones tardaron siglos en alcanzar a toda la humanidad, la informativa ha demorado tan solo unas décadas. Prácticamente ningún rincón del planeta se escapa de los efectos del internet. Nos hemos convertido en una cibercomunidad global.

El internet ha permitido que grupos pequeños o individuos funcionen independientemente de autoridades centrales. Esto como tal representa una nueva forma de organización social, una descentralizada, que se rige por sus propias reglas, no las de un Estado.

Poco a poco surgirán nuevas actividades humanas descentralizadas sobre las cuales el gobierno no podrá tener control o regular. Un claro ejemplo de esto es la criptomoneda, una divisa digital diseñada con métodos criptográficos para proteger información y comunicación. La criptomoneda evitará que gobiernos tengan fácil acceso a información de transacciones, por ende, disminuirá su capacidad recaudatoria. Criptomonedas como Bitcoin o Ethereum, al ser medios de intercambio monetario sin control gubernamental, amenazan dos pilares fundamentales de todo Estado: su moneda y recaudación de impuestos.

Quien tenga acceso a esa información y sepa interpretarla será quien disponga. Hoy el gobierno tiene acceso a mucha información y con esto subsiste, pero en un futuro cercano no será así. Esto dará paso a la creación de nuevas formas de organización social independientes del Estado. Algunos vislumbran un escenario donde los gobiernos nacionales se debiliten mortalmente y prevalezcan gobiernos locales junto con cibercomunidades globales.

Los Estados que sobrevivan serán aquellos que sepan integrarse a la revolución de la información. ¿Dónde quedará México en todo esto?
 
*El autor es abogado y estudiante de maestría en administración y políticas públicas.

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