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Columnas Reflexión universitaria

Equilibrio de poderes

Este 6 de junio la sociedad mexicana tendrá la oportunidad de rectificar o ratificar el rumbo que debe seguir el país.

Por Gonzalo Llamas Bañuelos

Este 6 de junio la sociedad mexicana tendrá la oportunidad de rectificar o ratificar el rumbo que debe seguir el país. De no cambiar la ruta actual se agudizará la crisis de gobernabilidad necesaria para una recuperación económica y sanitaria, por mencionar los temas más sobresalientes. Durante décadas el país vivió bajo la tutela de un sistema político autoritario, donde el presidente de la república concentraba todo el poder, tenía centralizadas las decisiones, era un sistema vertical, el país de un solo hombre que ejercía todo el poder a plenitud, tan era así, que él decidía quiénes serían los candidatos a ocupar los puestos de elección popular, llámense gobernadores, presidentes municipales, diputados locales, federales y senadores. De facto controlaba la cámara de diputados y la de senadores, al poder judicial, la justicia estaba politizada, tal y como hoy sucede. También se controlaba a distintas instituciones, como los derechos humanos y la relacionada con la organización de las elecciones como el IFE en sus tiempos. Todo lo controlaba, pero no lo destruía, eran poderes de facto que el gobierno utilizaba a su conveniencia para mantener el control o que el estado de cosas no cambiara.

La debacle del partido único en el poder se dio en el año 2000, después de más de 70 años de ejercer el poder de manera autoritaria. Con una votación histórica a favor del PAN nació en aquel momento la alternancia política que fue desperdiciada por el triunfador Vicente Fox, al dar continuidad al proyecto político económico aplicado por su antecesor. La expectativa generada entre la comunidad por el arribo de un partido distinto al PRI, era que ya se podrían ver cambios a favor de los más desamparados, pero nada cambió.

Ahora, vemos que la división de poderes otra vez sufrió un descalabro, porque, aunque se diga lo contrario, la concentración de poder continuó de manera cotidiana, aunque con visos en algunos casos disfrazados de democracia y respeto a los demás poderes. Hoy existe un poder legislativo con mayoría de un partido que avasalla al resto de los institutos políticos tal y como sucedía en el pasado. Antes, desde las oficinas del poder ejecutivo se enviaban iniciativas al congreso que se aprobaban en algunos casos sin debatir y se aprobaban sin ningún cambio. El poder legislativo y judicial subordinado al ejecutivo es muy perjudicial para la estabilidad y gobernabilidad del país. El estado democrático no existe, solo en teoría, lo que se observa es un regreso al pasado, ese pasado que nadie quiere recordar y que algunos “trasnochados” añoran. La autocracia, el poder absoluto renace y se recrea. Las fuerzas opositoras hacen hasta lo imposible por tratar de desterrar ese “ogro” que no se quiere ir. Los sueños de un “dictador” en ciernes aparecen, pero también se confrontan dos visiones de país. Son dos polos opuestos, pero el país, no es blanco o negro, más bien estas visiones se complementan y se superponen, no es gatopardismo.

Hoy en día nos encontramos en una encrucijada ya que existen dos visiones antípodas hacia dónde dirigir al país; una visión de pasado y otra de futuro y ambas conforman el debate actual. En el aspecto económico se critica al proyecto neoliberal, de una economía abierta que sostiene como estandarte la globalización económica, de un estado liberal con poca intervención del estado. Y otra postura de regreso al pasado, de un estado benefactor, de una economía en donde el estado sea el hilo conductor de toda la actividad económica. La sociedad ya aprendió que su voto cuenta y cuenta mucho, por eso, este mes de junio tendrá la posibilidad de cambiar para que haya equilibrio de poderes y decidir, si quiere regresar al pasado o ver hacia el futuro. Eso es lo que está en juego.

* El autor es economista egresado de la UABC.

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