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Columnas La verdad sea dicha

El debate, a debate

Fuimos concisos, precisos, macizos y no profusos, confusos y difusos.

Fuimos concisos, precisos, macizos y no profusos, confusos y difusos.

Así me definió uno de los moderadores su participación en el debate en el que le correspondió estar.

Me quedé conforme con su explicación y la valoré, porque era la intención del periodista que pretendía cubrir el vacío que estaban generando los candidatos.

No es fácil provocar la confrontación entre los abanderados a los diferentes cargos de elección popular. Unos cuidan sus ventajas, temen cometer errores por mínimos que parezcan o simplemente por incapacidad intelectual.

Los debates, dicho sea por la academia, buscan la confrontación de ideas, de programas, y sobre todo planes de políticas públicas. Pero rápido y conciso, porque el tiempo individual de los participantes es poco.

En el recorrido de lo sucedido en este proceso electoral de Baja California, ese ánimo, racionalidad o emoción de los aspirantes ha dejado mucho que desear. Parte la pandemia, la gran cantidad de participantes, el corto tiempo para remontar la desventaja e incluso por el nulo conocimiento de la vida pública por algunos abanderados.

Es la importancia del debate, ese instrumento que permite empatizar con el electorado, de manera más rápida y directa.

Los temas estaban como abanicos de posibilidades para que los invitados a la fiesta, quienes aparecerán en la boleta electoral, se posicionaran. Buen momento para que propusieran, atacaran o contra atacaran.

Pero el silencio cómplice apareció, en algunos, como una eterna lengua de fuego que se deja ver y sentir en todo su esplendor.

Entonces, surgieron las voces lacerantes que acusaron al moderador ante la incapacidad cognitiva del aspirante que se perdía en su propia incapacidad y falta de ideas.

Ciertamente el formato, la excesiva cantidad de candidatos, candidatas y la falta de propuestas atractivas al ciudadano, son un coctel tóxico en perjuicio de nuestra democracia.

A eso habría que sumarle los problemas técnicos que ocurrieron durante el desarrollo del ejercicio, sobre todo con los candidatos a las alcaldías.

En los diferentes debates se suponía que los ataques o contrastes se iban a dirigir, especialmente, a los candidatos de Morena o sus aliados, es decir, a los abanderados del partido en el gobierno.

Independientemente que algunas de las respuestas de los candidatos “oficiales” no convencieron, también lo es, que los golpes certeros contra ellos, esos demoledores que los exhibieran y sobre todo les quitaran votos, no llegaron, como había sucedido en otras ocasiones.

Habrá que seguir revisando estos ejercicios que buscan fomentar la participación de los ciudadanos en las urnas. Incluso se debe pensar, desde ya, en que debe cambiarse el formato y hacerlo presencial y en un futuro, hasta con público preguntando.

Desde lo técnico hasta lo mediático. El horario de transmisión fue el tradicional de la televisión, pero ninguna cadena televisiva lo pasó, por lo que habría que pensar en otros tiempos, los más propios de las redes sociales.

La poca audiencia dio cuenta de ello.

Sin lugar a dudas que a quienes deben interesar más estos ejercicios es a los que van abajo en las encuestas, porque es una manera de contrastar al puntero o puntera, pero hasta el momento no ha pasado nada que tenga algún efecto real en las mediciones.

En fin, las oportunidades de mejorar este instrumento que busca empujar la participación ciudadana, está ahí.

Y la pregunta sigue en el aire: qué tan comprometidos están los candidatos y candidatas con la población a la que quieren gobernar.

La verdad sea dicha.

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