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Columnas Postigo

De lo profundo, a lo más bajo

Es probable que la mejor maniobra animada por los carrancistas frente a la capacidad de fuego del zapatismo se presentara cuando, vapuleados los llamados constitucionalistas por parte del ejército del Sur,.

Por Antonio Medina de Anda

Es probable que la mejor maniobra animada por los carrancistas frente a la capacidad de fuego del zapatismo se presentara cuando, vapuleados los llamados constitucionalistas por parte del ejército del Sur, Álvaro Obregón recibió el visto bueno de don Venustiano para que, sin demora, se reclutaran nuevos aliados dispuestos a combatir al caudillo morelense permitiéndole al sonorense Obregón, orientara sus pasos hasta la matriz de la Casa del Obrero Mundial (COM) donde después de ofrecer explicaciones, manifestar compromisos y pactar lealtades los líderes sindicales por encima de su definición clasista, carácter proletario e ideología anarco-sindicalista se sumaron a la disyuntiva burguesa de la Revolución representada por aquellos que al tiempo serían verdugos del trabajador.

Desborda recordar que de los desdichados sucesos acontecidos durante la lucha armada (1910-1917) uno de estos incumbe, sin duda, a la consciente o involuntaria determinación obrera de integrarse a las filas de los nuevos hacendados para precisamente, combatir a sus iguales de clase bajo un sanguinario proceder cuyas víctimas, portadores de una y otra bandera, soportaban pareja pobreza, explotación y vejaciones ya que décadas tras décadas los jornaleros del campo y la ciudad a duras penas subsistieron hasta llegar a la ocasión anti porfirista que, causa y efecto histórico, enfrentó o a peones del campo contra peones del taller.

Naturalmente el episodio anticipado no es inédito de la crónica insurreccional mexicana, como tampoco, responde a un proceder exclusivo del general Obregón ya que lecciones políticas de esa fatalidad, o incluso más ruines, llenan capítulos de sobra que como punto de partida, resultan atractivas para recrear una de las recetas que montadas en el caballo revolucionario suministraron, rindieron y prosiguen cotizando al mantenimiento y operación del control político, económico y social de los mexicanos evidenciado mediante la utilización del repulsivo corporativismo que fomentado por una frase menos excéntrica, significa charrismo sindical, liderazgos a las órdenes del patrón, agrupaciones conformadas por individuos acalambrados, sin voz y arrinconados.

Código regulador estrenado con la incorporación primero, y sometimiento posterior de los asalariados de la COM, que para beneplácito de la fracción vencedora durante la reyerta armada (Obregón y sus lugartenientes); la suerte de toda agrupación u organización de masas quedó encadenada al PRI, al partido hecho gobierno, a una sola alternativa comicial por rutina determinada por un departamento de empleos oficial: “el que se mueve-advirtió Fidel Velázquez poderoso capo de los trabajadores- no sale en la foto”.

Y vaya que “moverse” de la fila es una regla que tiene, hasta los presentes días, serias consecuencias para él que cuestiona como para quien permanece quieto ya que mientras, el primero (el crítico) ve congelados sus derechos, por ejemplo electorales, el segundo (el sumiso) es gratificado con una y otra canonjía, sobretodo, al momento de pastorear y acarrear a “sus bases” hasta colocarlas al servicio del candidato. Un ejercicio que en las presentes elecciones bajacalifornianas impávidos observamos el humillante, cínico desplante de partidos y candidatos que frenéticos rinden tributo al perdurable corporativismo: particularmente el operado por Morena que dijo der diferente…

*El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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