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David Monay: contar el cuento

Aunque hay antecedentes pedagógicos en las letras bajacalifornianas (desde los textos escolares de Rosaura Zapata y Nana Chela), la literatura infantil en nuestra entidad sólo comienza a concretarse con obras publicadas para los niños y jóvenes en general a partir de la década de los años sesenta del siglo XX.

Por Gabriel Trujillo

Aunque hay antecedentes pedagógicos en las letras bajacalifornianas (desde los textos escolares de Rosaura Zapata y Nana Chela), la literatura infantil en nuestra entidad sólo comienza a concretarse con obras publicadas para los niños y jóvenes en general a partir de la década de los años sesenta del siglo XX. Este comienzo consolida, por un lado, el teatro infantil de Julio Rodríguez Barajas y Emeterio Méndez Jr., que tuvo en los teatros del IMSS en Tijuana y Mexicali sus centros de promoción más conocidos, durante la década de 1960 en adelante, pero que no contó con la publicación de las adaptaciones y obras inéditas de estos autores bajacalifornianos. El primer libro que responde a un público juvenil ávido de historias mágicas y relatos macabros es el de Olga Vicenta Díaz Castro, mejor conocida como Sor Abeja, y que tituló Tradiciones y leyendas de Tijuana (1973), donde fantasmas y espantos de esta ciudad fronteriza son el elemento sustancial de sus relatos. Esta corriente sigue vigente hasta nuestros días y puede ser rastreada en obras como Mitos y leyendas de Mexicali (2003) de Gabriel Trujillo Muñoz y muchas otras recopilaciones de relatos macabros, misteriosos o de suspenso que han aparecido, en el transcurso del siglo XXI, en numerosas editoriales bajacalifornianas, especialmente en independientes como Ilcsa o en institucionales, como la UABC y el ICBC.

Ya con Instituto de Cultura de Baja California en marcha y bajo la dirección de Jorge Esma, su fundador, en 1989 se convocó por vez primera a los Premios Estatales de Literatura, contando entre sus ramas el cuento infantil y el teatro infantil. Los resultados se dieron a conocer a mediados de 1990 y los ganadores fueron David Monay en cuento con el libro El tesoro de Churomo (1991) y Juan Carlos Rea con la obra teatral Un juglar de Pentagrán (1991). En buena medida, ambos textos establecieron los cauces principales por los que iba a discurrir la literatura infantil de la entidad en los siguientes años. Por un lado, con exponentes como Luis de Basave y David Monay, esta literatura se basaría, mayoritariamente, en la tradición oral regional (indígena y mestiza) para contar, a través de mitos y leyendas locales, la vida en Baja California con protagonistas de distintas épocas y con animales de la ecología peninsular, incluyendo coyotes, conejos, ballenas o borregos cimarrones, y teniendo como telón de fondo el paisaje del mar, la sierra o el desierto bajacalifornianos.

Así, la literatura infantil en Baja California se sitúa en lo regional tanto como en lo universal, toma de las tradiciones indígenas o de los cuentos populares europeos la inspiración necesaria para captar la atención de niños y jóvenes. El caso de Rea y el de Monay, tal vez los más rigurosos y constantes creadores de este género durante las últimas décadas, nos ayude a comprender tal evolución temática. David Monay (nacido en Ameca, Jalisco el 14 de abril de 1941 y fallecido en Mexicali, ciudad donde radicaba desde 1945, el 18 de agosto de 2013) es profesor normalista con especialidad en lengua y literatura española. Su vocación de narrador es parte de su vocación como docente y lo conduce a escribir para niños y jóvenes. Gana en 1990 el Premio Estatal de Literatura en cuento infantil y repite en 1996, cuando lo gana con el libro La Rumorosa. Donde las piedras nos miran (1997). Su obra narrativa es un canto a la naturaleza peninsular y a sus esforzados pobladores, como es el caso de La Rumorosa; la cordillera rocosa que divide el desierto mexicalense de la zona costera de Tijuana y Ensenada.

De la obra de David Monay hay que recordar lo escrito por Valdemar Jiménez Solís en su libro Crónicas fronterizas. Personajes, libros, eventos (2013), lo llamaba un “maestro con amplia preparación en su campo profesional, en la literatura y en el dominio de nuestro idioma”. En 2005 obtuvo el Premio Nacional de Promoción de la Lectura, otorgado por la Secretaría de Educación Pública y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Pero como narrador dejó cuentos donde la niñez, las leyendas regionales y ciertos paisajes de nuestra entidad han quedado indeleblemente unidos con su imaginación. En ese sentido, fue un pionero en el uso de nuestra geografía física para transformarla en reinos encantados, en mitos por contar. Y puso a la literatura infantil bajacaliforniana a la vista de los lectores de todo México.

*El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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