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Mar de fondo

¿Cárcel para los enemigos?

Un error del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es estar viendo siempre hacia el pasado y proyectando la imagen de ser un gobierno acechado por un sinnúmero de enemigos.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Un error del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es estar viendo siempre hacia el pasado y proyectando la imagen de ser un gobierno acechado por un sinnúmero de enemigos. Un día dice que a él no le interesa la venganza, o que no se mueve por el odio, pero al día siguiente se ven escenas como las que hoy se están observando con el caso de Ricardo Anaya, el excandidato presidencial panista.

¿Hay elementos para juzgar y meter a la cárcel a Ricardo Anaya, antiguo rival político de AMLO, o más bien lo que hay es un intento de acallarlo y de intimidarlo por su más reciente activismo político? Si es lo primero, debería haber una investigación más profunda y rigurosa, sin necesidad de llevarlo a los medios. Pero el caso deja entrever que hay más de lo segundo, es decir, tiene más rasgos de una persecución política.

Cuando el mismo presidente de la república le pide a la FGR que diga públicamente de qué se le acusa a Anaya, ésta sale con esta impresionante barbaridad al afirmar que Anaya “participó en una trama delictiva cuya finalidad era entregar el patrimonio petrolero del país a empresas extranjeras”, mediante la famosa reforma energética promovida por el entonces presidente Enrique Peña Nieto.

Según lo declarado por Emilio Lozoya, para poder llevar a cabo esta “trama delictiva” le entregaron varios sobornos a algunos diputados, entre ellos a Ricardo Anaya, por un monto de 6.8 millones de pesos para que votara a favor de dicha reforma. Este es el dato de prueba de la FGR para imputarle ahora los delitos de cohecho, lavado y asociación delictuosa.

Dice el presidente López Obrador que bajo su gobierno las cosas ya han cambiado, que la justicia o los órganos judiciales ya no se utilizan, como antes, para perseguir enemigos o adversarios políticos. “No somos iguales”, proclama a cada momento. Sin embargo, no está muy claro que esto sea así. El caso de Anaya lo ejemplifica claramente, pero hay otros donde también se observa que la FGR está a las órdenes del presidente.

Aquí en esta columna no se mete la mano al fuego por ningún político, sea del signo que sea, lo único que interesa subrayar es que en este caso se ve claramente los “tintes políticos”, así como el error que significará para AMLO emprender una persecución contra el panista Ricardo Anaya.

Por alguna razón inescrutable, Ricardo Anaya decidió desde hace unos meses emprender una especie de “precampaña” política con vistas a la elección de 2024. A través de videos e intervenciones ocasionales, Anaya ha tenido como su principal interlocutor al presidente López Obrador, incluso tratando de imitarlo al comer en fondas y comercios callejeros.

Un video reciente en donde Anaya cuestiona duramente a López Obrador es en donde alude a las más reciente cifras sobre la pobreza proporcionadas por el Coneval, en las que se registran aumentos en lugar de reducciones, tal y como se esperaría de un gobierno cuyo objetivo serían los más pobres.

Es decir, Anaya ha aparecido en la escena política como algo casi imperceptible, entre broma y en serio, aludiendo constantemente a las acciones del gobierno de AMLO, en un contexto en el que casi todas las voces de la oposición se han apagado o han enmudecido, o son muy débiles, como las recientes de los líderes del PAN-PRI-PRD que dijeron que van a acusar al gobierno de López Obrador en la OEA por haberse coludido con el narcotráfico en el pasado proceso electoral.

¿Todo este activismo de Anaya pudo haber molestado a AMLO? Sí, es muy probable,
 pero no porque Anaya tenga un gran peso político, sino más bien por el periodo político que se avecina para el presidente, especialmente después de su tercer informe de gobierno, con el que entrará en una fase más crítica y difícil. No es Anaya, es lo que viene lo que puede preocupar a López Obrador.

Sin embargo, la carta de la persecución política contra sus adversarios o contra algunos líderes del panismo puede constituirse en un grave error para López Obrador. De hecho, ya obtuvo un revés severo cuando Anaya dice que acepta presentarse al citatorio de la  FGR si a esa misma hora y el mismo día, se presentan también los hermanos del presidente.

Sin quererlo, o más bien queriendo aplastar y acabar de una buena vez con todo el panismo, López Obrador puede catapultar a Anaya como el próximo candidato a la presidencia del país. Esta figura funciona muy bien en México y en casi todos los países: perseguidos políticos que luego surgen como candidatos ganadores.

La otra cara de este grave error es que, dentro de poco, López Obrador va a tener a una buena parte de la oposición en el “exilio”, lo que terminará de mostrarlo como un presidente autoritario e intolerante y que, contra lo que dice, no permite que en México haya disidencia política. Las cosas van a empeorar.

*El autor es analista político

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