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Columnas Quietud del movimiento

Borat y McDonald Trump

El arte grotesco es aquel que busca suscitar emociones y sentimientos de incomodidad y perplejidad en el espectador.

Por Roberto Quijano Luna

El arte grotesco es aquel que busca suscitar emociones y sentimientos de incomodidad y perplejidad en el espectador. Siguiendo la lógica del surrealismo, lo grotesco busca llevar situaciones aparentemente ordinarias a lo absurdo e ilógico con el fin de evidenciar ciertas verdades escondidas. Sacha Baron Cohen por medio de su personaje Borat Sadgiyev utiliza lo grotesco para hacer una crítica de los recovecos de la sociedad estadounidense.

Desde la primera entrega, Borat recorre el Estados Unidos profundo, aquel que detrás de la corrección política guarda numerosos prejuicios y miedos sustentados en mentiras y conspiraciones. El “periodista kazajo” busca inducir a sus víctimas a sacar lo peor de sí, su hambre bélica, racismo, antisemitismo, talante conspiranoico. Quien pareciera ser tu vecino normal tiene un lado oscuro reprimido. Borat 1 se desarrolló en 2005, el Estados Unidos de George W. Bush, donde la guerra de Irak y Afganistán llenaban de euforia nacionalista a millones de americanos, la xenofobia se disfrazaba bajo una narrativa de “seguridad nacional”. Esto fue antes de la crisis de 2008, antes de Barack Obama, antes de Donald Trump, antes de las redes sociales. Si bien el mundo de hoy es radicalmente distinto en lo tecnológico, sigue siendo el mismo en cuanto a nuestra naturaleza humana.

La segunda parte se desarrolla oportunamente durante la actual pandemia, el contexto ideal para conocer de primera mano lo mejor y peor de la raza humana actualmente. El Estados Unidos de Borat 2 es todavía más paranoico y polarizado, ni siquiera una crisis sanitaria mundial ha logrado conciliar a una población ansiosa por suscribir teorías de la conspiración que confirmen sus prejuicios. En este sentido, McDonald Trump (como lo llama Borat) es un hombre de nuestros tiempos. Las redes sociales han sido el vehículo ideal para la difusión de mentiras, conspiraciones, calumnias, propaganda e insultos. Trump y su base viven de esto. Se ha diluido tanto el concepto de verdad que ahora se afirma que vivimos en la era de la posverdad.

En la posverdad no importa la veracidad de un hecho o discurso, lo que importa son los sentimientos que te suscita. Muchos dirán que esto siempre ha existido y tienen razón. El problema es que antes en medios y esfera pública se tenían ciertos parámetros para alcanzar la “verdad” mediante un ejercicio dialéctico. Las redes sociales tiraron esto por la borda y les han dado un megáfono a quienes antes vivían en los márgenes de la sociedad. Para llamar la atención de la gente hay que apelar a sus miedos e inseguridades. Las redes sociales son el medio perfecto para logar esto. Antes las conspiraciones eran cosas de aliens y fantasmas, hoy el presidente de Estados Unidos difunde conspiraciones de sus adversarios sin ningún sustento para congregar a su gente, apelando a sus instintos primitivos.

No les cuento los pormenores de Borat 2, que cada quien haga sus conclusiones. Solamente comento que hace un buen papel evidenciando el Estados Unidos de la posverdad. En México eso de la verdad nunca existió, la verdad siempre se ha dictado desde el poder político, no importa que sean conspiraciones, resentimientos o mentiras, deben estar al servicio del poder. Hace falta que Borat venga a México para que se escandalice todavía más que en Estados Unidos.

*- El autor es abogado y estudiante de maestría en administración y políticas públicas.

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