Columnas Si yo fuera gobernante

El mundo me da vueltas

Por Pepe Avelar

Si de una cosa estamos seguros los ciudadanos es que estamos hartos de nuestros políticos y, por añadidura, de nuestros gobernantes. Con sus errores, con su deshonestidad, con su desfachatez, con su cinismo, el clamor general es que ya no los aguantamos. No quiero poner a todos en el mismo saco, pero el hartazgo ha llegado a niveles en los que ya no sabes ni quién es quién y quién piensa qué. No hay ni fronteras ideológicas, ni muchos proyectos a los cuales seguir. Por mi formación empresarial, conozco de negocios, de economía, del mundo; por mi formación personal, tiendo al humanismo, a ayudar al prójimo; por mi formación profesional, me alejé de las ideologías como las religiones y ahora me aferro a las personas como motor de todo y de todos. Yo creo que ello me ha hecho más exigente y comprender que, como país, como estado, como ciudad, ya no podemos seguir en el camino en que andamos. Es absolutamente desesperante que no estemos haciendo lo básico en materia de gobierno: atender las necesidades primarias de la población para resolver las múltiples desigualdades que tenemos. En términos llanos, que las cosas funcionen. ¿Quién no quisiera buenos servicios públicos, eficientes, económicos? ¿Quién no quisiera que el gobierno no nos estorbara mientras la población vive bien, come bien, se educa bien y hay oportunidades de desarrollo? No me malentiendan. El gobierno es necesario e indispensable en nuestras vidas (aunque luego alguien añore vivir en las cavernas y autogobernarse), pero el problema es que este gobierno, el actual, no. Tengo muchos amigos que son funcionarios públicos y tengo también muchos amigos partícipes y pensantes en la política y sus partidos, pero los escucho y veo actuar y verdaderamente no entiendo cómo no se dan cuenta de lo evidente para todos los demás: no tenemos un gobierno que funcione respecto a los resultados que esperamos los ciudadanos. Lo he dicho antes, no me cae mal ni Peña, ni "Kiko", ni "El Patas", pero ¿para qué tanto empeño en llegar a sus puestos si terminarían siendo tan malos gobernantes? Hay tantas denuncias, tantos chismes, tanta información de que solo los mueve la corrupción, que me pregunto si el problema somos los que votamos por ellos que no supimos darnos cuenta que no estaban preparados para gobernarnos. A nivel local es patético. La población estamos haciendo lo posible porque nuestras familias, nuestro entorno, nuestros empleos y la economía funcione, pero tenemos un gobierno que es un verdadero estorbo en casi todos los temas. La línea de bienestar es una curva rebuscada. La educación es mediocre, la infraestructura pública es raquítica, los servicios públicos son irregulares o malos, la pobreza es evidente, la seguridad es malísima. La aplicación de la ley y los reglamentos con absoluta discrecionalidad o con miedo. ¿Que hacen nuestros gobernantes y sus funcionarios todo el día? El policía en la calle te lo dice: no hay planes de seguridad. El maestro se queja de la falta de información y cumplimiento de sus necesidades para ofrecer mejor educación. Las calles son un desastre de suciedad, baches, cables atravesados, con poco alumbrado público. No tenemos ni agua ni sistemas pluviales suficientes. Estamos los que pagamos impuestos, los menos, contra lo que viven en la informalidad y nadie dice nada. Los que intentamos cumplir la ley y los que hacen lo que quieren y a la hora que quieren. Y así le puedo (y le pueden) seguir y seguir... Quizás el problema es que hemos dejado demasiado tiempo a las políticas públicas en manos de nuestros políticos. Quizás ya sea hora de apartarlos y postular ciudadanos para ocupar el puesto de gobernantes. Si no, ¿qué opción nos queda? * El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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