Nuevos cerdos, misma granja
“El problema nunca fueron los cerdos que estaban en el poder. El problema es que los que estaban afuera también querían meter el hocico al comedero.”

En el libro Rebelión en la granja, George Orwell nos cuenta cómo unos animales se hartaron de que el granjero los explotara y decidieron mandarlo al carajo. Prometieron igualdad, justicia y acabar con los abusos. Todo muy bonito, hasta que los cerdos, convertidos en nuevos jefes, descubrieron que las camas, el whisky y los privilegios del antiguo patrón no estaban tan mal.
¿Les suena conocida la historia?
En México llevamos décadas cambiando de granjero: llegan unos prometiendo limpiar el cochinero, se van otros jurando que ahora sí viene la verdadera transformación. Cambian los colores, los discursos y los eslóganes, lo único que no cambia es el tamaño del hocico cuando se acercan al presupuesto.
Y no se emocionen, que aquí algunos “empresarios” tampoco salen limpios del marranero.
Hay quienes se llenan la boca defendiendo la libre empresa, pero cuando aparece un contrato del gobierno se les olvida todo. Muy capitalistas para cobrar, pero bastante socialistas cuando se trata de vivir del presupuesto público.
Ahí tenemos al INE; su propio órgano de control detectó cinco empresas relacionadas entre sí que obtuvieron contratos por 2,461 millones de pesos entre 2014 y 2025, bajo sospechas de simular competencia. Hay 18 expedientes abiertos relacionados con irregularidades. ¡Bendita competencia! Si todo queda entre conocidos, hasta perder una licitación puede ser negocio.
Y para encontrar más mugrero no necesitamos salir de Baja California.
Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentó que una empresa recibió más de 200 millones de pesos en contratos de la Fiscalía estatal. La misma empresa fue posteriormente sancionada por el Departamento del Tesoro estadounidense por presuntos vínculos con operaciones de lavado de dinero relacionadas con el narcotráfico. La institución encargada de perseguir delincuentes contratando a una empresa que después terminó en una lista de sanciones estadounidenses. Eso no prueba que los funcionarios hayan cometido un delito, pero…
Sería ingenuo pensar que la suciedad se limita a los contratos que aparecen en los periódicos. ¿Cuántas empresas viven de su cercanía con el poder? ¿Cuántas licitaciones se diseñan pensando primero en el proveedor y después en el servicio? ¿Cuántos empresarios prefieren conservar el negocio antes que abrir la boca? Preguntas incómodas. Sobre todo para quienes desayunan con el gobierno y cenan hablando de transparencia.
Y lo vuelvo a aclarar porque ya lo he escrito en varias ocasiones: una cosa es hacer negocios legítimos con el Estado, y otra muy distinta es convertir el presupuesto en un comedero privado. Y en eso no hay colores ni ideologías. Los cerdos no distinguen entre izquierda y derecha cuando tienen hambre.
Lo verdaderamente triste es que nosotros, los ciudadanos, seguimos viendo cómo cambian de lugar los animales, aplaudiendo cuando sale el cerdo que nos cae gordo y celebrando cuando entra el nuestro.
Orwell termina su novela con los animales viendo por una ventana, incapaces de distinguir entre los cerdos y los humanos y quizás eso sea lo que nos está pasando: nos prometieron acabar con los privilegios y terminamos financiando nuevos privilegiados.
Ya vienen las elecciones… quizás en lugar de observar candidatos, tendremos que estar observando también a sus patrocinadores.
*El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.
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