Estado de alerta
Algo pasó en Mexicali. Lo que todavía no sabemos con claridad es qué.

Algo pasó en Mexicali. Lo que todavía no sabemos con claridad es qué. Primero fue Estados Unidos. La noche del lunes, la Embajada estadounidense lanzó una alerta de seguridad para Mexicali y suspendió las actividades de su personal en la ciudad.
No explicó quién amenazaba, contra quién, dónde ni qué podía ocurrir. Simplemente dijo que había información sobre una amenaza y recomendó tomar precauciones, por lo que usó sus vías diplomáticas y oficiales para darlas a conocer. Y mientras allá prendían las luces amarillas, de éste lado el gobierno de Baja California informó que reforzaría los operativos, la vigilancia y los patrullajes. La instrucción fue mantener la calma, pero no hubo una explicación concreta sobre qué había provocado semejante despliegue de seguridad.
Una cosa es no revelar información de inteligencia que pueda poner en riesgo una investigación y otra muy distinta es dejar a toda una ciudad intentando descifrar, por rumores, qué está pasando. Ese vacío de información se llenó con especulaciones y algunos memes en redes sociales que se esparcieron como reguero de pólvora.
Entre esas teorías se hablaba de amenaza de atentado contra las instalaciones de la comandancia de la Policía Municipal y la delegación local de la FGR, pero ni la alcaldesa Norma Bustamante ni el director de la corporación local Felipe Chan Baltazar salían a decir ni una cosa ni otra.
Durante horas, Mexicali quedó atrapada en esa extraña situación en la que las autoridades saben algo, Estados Unidos sabe algo (de otra manera no habrían alertado) pero la población solamente sabe que debe estar alerta, como si estuviéramos en un ataque de pánico colectivo.
APARECIÓ LA EXPLICACIÓN
El general Laureano Carrillo Rodríguez, secretario de Seguridad Ciudadana de Baja California, reveló en entrevista con medios nacionales que el Gobierno estatal recibió información de agencias estadounidenses sobre posibles riesgos relacionados con dos edificios donde presuntamente se utilizarían explosivos.
Y todavía agregó un dato más delicado: una de las líneas de investigación apunta al grupo conocido como “Los Rusos”, a quienes asestaron, con apoyo de la DEA, un fuerte golpe en el decomiso de fentanilo hace unos días, acción que Omar García Harfuch presumió públicamente. Ahí cambia la historia.
Ya no estamos hablando solamente de una alerta de viaje emitida por Estados Unidos. Estamos hablando de información compartida entre agencias de seguridad de ambos países sobre un posible ataque en Mexicali. Esto obliga a hacer algunas preguntas; no para generar pánico, no para jugar al periodista de inteligencia, mucho menos para convertir rumores en hechos. Simplemente porque, si la autoridad considera que existe una amenaza lo suficientemente seria como para desplegar policías, militares y equipos de inteligencia, la ciudadanía tiene derecho a entender, dentro de lo que legalmente puede informarse, qué está pasando.
Al final del día la versión de Laureano Carrillo fue la que arrojó un poco de luz sobre la naturaleza de la alerta a la que, por cierto, se sumó el gobierno de Canadá. Sin embargo, los detalles de la supuesta amenaza y sus motivaciones se fueron deduciendo a lo largo del día con retazos de información tomada de aquí y de allá.
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