Entregaron a Rocha... pero el estado de Sinaloa
Tras el ridículo que hizo el fin de semana, al regresar de gobernador 34 horas, se podría deducir que el morenista Rubén Rocha Moya ya perdió todo el poder que tenía en su estado.

Tras el ridículo que hizo el fin de semana, al regresar de gobernador 34 horas, se podría deducir que el morenista Rubén Rocha Moya ya perdió todo el poder que tenía en su estado. Todos lo dejaron solo. Primero el gobierno federal, vía la Secretaría de Gobernación. Después el partido oficial, su partido, Morena. Después todos los gobernadores de su partido. Y al final, la posición oficial de la presidenta que parecía enterrarlo políticamente.
Pero no. Rocha podrá haber quedado fuera, pero la gobernadora interina es de él. Fue su compañera desde los tiempos que eran del PRD. Fue su secretaria de Educación
en los primeros tres años de administración. Luego le impulsó para que se convirtiera en diputada federal. Hace poco pidió licencia porque Rocha Moya la mandó a inscribirse como una de las “corcholatas” para la gubernatura sinaloense que se juega en el 2027. Se les adelantó a todos los aspirantes: se quedó con la gubernatura sustituta a pesar de la lógica política y la exigencia ciudadana que decía que el relevo no podía ser otra vez alguien de Rocha.
Uno pensaría que hasta ahí llegaría la influencia de Rocha. Pero no. En Sinaloa está circulando otra versión: otro rochista está apareciendo con mucha fuerza en los medios locales como el puntero en la carrera para convertirse en el Coordinador Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, ese nombre pomposo con el que Morena viola la ley electoral nombrando a sus candidatos medio año antes de lo permitido, con la comparsa del INE y el Tribunal electoral. Se trata de Omar Alejandro López Campos. Es nada menos que el suplente en el Senado de Enrique Inzunza, el que era el plan A de Rubén Rocha Moya para su sucesión, pero que se cayó porque también está en el expediente de Estados Unidos. López Campos, hasta antes del registro de precandidatos en Morena, era secretario del Bienestar del propio Rocha.
Omar López Campos tampoco era el Plan B. Ese era su ahijado, Juan de Dios Gámez, el presidente municipal de Culiacán que también quedó descarrilado porque es otro de los nombrados en el expediente de Estados Unidos. Así que el Plan C es el que va. Y el proyecto rochista sigue en marcha.
Me resulta asombroso, incomprensible, que la presidenta Sheinbaum haya sido incapaz hasta ahora de cortar de tajo esta continuidad del rochismo -llámele narcontinuidad, si así lo desea-. Porque la presidenta tiene todas las armas para parar a Rocha. Tiene a la FGR que podría aceptar que hay pruebas para vincular a Rocha con el narco o con el asesinato de su principal rival político, Héctor Melesio Cuén. Puede salvar cara ante un electorado mexicano que ya etiquetó a Morena como un narcopartido (lo dicen las mismas encuestas que le dan una gran popularidad). Puede incluso extraditarlo a Estados Unidos y obtener una ficha de enorme importancia. Pero no. La presidenta lo indulta. Y eso sólo me lo explico por una razón: Rocha sabe mucho. Me lo dicen todas las fuentes: Rocha fue quien canalizó recursos ilegales a la campaña presidencial de 2024.
- *- El autor es periodista y conductor de radio, televisión y medios digitales.
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