Tengo 76 años de los cuales 7 años los viví en Los Ángeles, California, y 4 años en Ensenada, Baja California, cuando estudié en la Escuela Normal Estatal. Con éstas restricciones, puedo correctamente decir que he vivido 65 años en Tecate, Baja California. Aquí estudié mis primeros años, Kindergarten, primaria y secundaria. Como nos sucedió a todos, tuve buenos y malos maestros, por consiguiente, no voy a nombrar a ninguno. Los elocuentes, me dieron clases excelentes de historia nacional e internacional. Recuerdo, especialmente, cuando discursaban sobre los Jardines
Colgantes de Babilonia o la Guerra del Peloponeso; sobre las culturas griegas y romanas o de cualquier tema histórico europeo. Otros temas importantes eran la Segunda Guerra Mundial, la histórica degradante venta del territorio norte de México hecha por Santana donde perdimos una enorme extensión de nuestro territorio, y muchas temáticas más. Sin embargo, nos platicaron de un tema que nos asombró en nuestra niñez, y a algunos nos volvió a pasmar de ancianos. Veamos cual es.
Este año me he convertido en el ganador de una de las loterías más terribles y menos perseguidas por la humanidad. La que te premia por ser uno entre un millón y medio de personas, que adquirimos una enfermedad de la sangre llamada Hemofilia tipo A adquirida. Los maestros en primaria nos decían que solo los miembros de la realeza europea contraían esta enfermedad, y que, en su afán de considerarse diferentes a los plebeyos, alardeaban de que tenían sangre azul. Además, solo se casaban entre ellos, sin considerar un impedimento sus lazos de sangre. Por lo que se crearon las condiciones para que apareciera la Hemofilia, que tenía la característica de que se heredaba. El distintivo central negativo de esta enfermedad era que, cuando se herían y surgía la sangre, no tenían la capacidad natural para la coagulación. Por lo que una pequeña cortada podía ser la causa de la muerte.
Mi caso sucedió así, de repente, en el pasado noviembre, me aparecieron unas manchas de color rojizo en las piernas, que ardían y dolían significativamente. Después, desaparecían y surgían en la otra pierna. Posteriormente aparecían en el antebrazo, se quitaban y se iban al otro. Los médicos, en Tecate, decían que era una Equimosis. Pagué varias consultas, compré medicinas, me hice análisis clínicos que sí dieron información relevante, como un tiempo más largo en el proceso de la coagulación, pero no les dijo nada. Así que busqué otras opiniones y terminé, ¨como uno entre un millón y medio de personas que es poseedor de este muy poco común y severo desorden. Es causado por el desarrollo de anticuerpos dirigidos contra uno de los factores antihemofílicos, más frecuéntemente el factor VIII. Esta enfermedad debe ser diagnosticada con urgencia, debido a su rareza y la complejidad del análisis de laboratorio.¨ (www.ncbi.nlm. nih.gov). Pero también porque se pierde la capacidad de la coagulación y las fatalidades son posibles.
Es una enfermedad que puede ser controlada, si se tiene un seguimiento y una medicación correcta, y tener el excesivo cuidado de no herirse, porque el sangrado se puede convertir en una hemorragia fatal al no producirse el proceso de coagulación. ¨La enfermedad es muy común en los ancianos mayores de 85 años. Hay reportes de que el 80% de los pacientes son mayores de 65 años. Mientras que la mediana está entre 73.9 y 78 años. No hay evidencia de ningún patrón genético, existe equidad entre hombres y mujeres de adquirirla. ¨ (www.ncbi.nlm.nih.gov).
Lo importante es tratar de mantenerse informado sobre este trastorno de salud, porque se pueden encontrar alternativas para salvaguardarse, lo más lejos posible, de los sangrados inesperados, así como atender rápidamente los pequeños accidentes. Este es mi primer artículo sobre la Hemofilia. Espero les sea útil. Vale.
*- El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.
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