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Nicaragua, la nueva Monarquía Hereditaria

“Cuida tu ambición. Puede volar pero también arrastrarse.” Edmund Burke

Ignacio  Calderón Tena

Parece que Nicaragua está por emular a países como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, al convertirse en una especie de monarquía hereditaria, en donde el poder se transmite entre las familias gobernantes, evitando así las odiosas elecciones.

No queda claro si Daniel Ortega y su Copresidenta y esposa, Rosario Murillo, piensan transformar a Nicaragua en una monarquía hereditaria como las mencionadas, o en un sistema como el de Afganistán, Irán o Palestina, donde los grupos terroristas instalados en el poder, Talibanes, el ayatolá o el grupo Hamás, respectivamente, gobiernan sin voltear a ver al pueblo.

También están los casos de Corea del Norte, que desde 1948 es gobernado por una misma familia, o China con un partido único que decide desde 1949 quien será candidato o Cuba, donde las últimas elecciones democráticas fueron en 1948.

Rusia es otro caso, pues a pesar de tener elecciones (en marzo pasado fueron las últimas), Vladimir Putin continúa al frente desde 1999 y según la elección de este año, su mandato concluiría en 2030.

Venezuela con Chávez y posteriormente con Maduro, fue otro caso de una dictadura, que afortunadamente concluyó con la captura de Maduro.

El caso de Nicaragua es verdaderamente triste, pues al no tener petróleo en su territorio, no despierta interés alguno de nadie por proteger a su pueblo frente a las atrocidades cometidas por sus dirigentes.

Su presidente Daniel Ortega, es un exguerrillero que asumió el poder luego del triunfo de la Revolución Sandinista, habiendo derrotado a la dictadura de la familia Somoza bajo el respaldo de Estados Unidos desde la ocupación estadounidense de Nicaragua de 1934. Al triunfo del sandinismo se convierte en presidente de 1985 a 1990, luego es derrotado en las urnas por violeta Barrios de Chamorro; y después de varios intentos vuelve a ganar las elecciones en 2006 y desde entonces no ha soltado el puesto, endureciendo su gobierno, limitando los derechos de sus ciudadanos, asesinando a sus opositores, clausurando medios de comunicación, arrestando a cualquiera que se oponga a sus designios y para colmo, nombrando a su esposa como copresidenta, para asegurar la permanencia aún después de su muerte.

En el colmo de la demencia, declaró el 19 de julio, durante el 47 aniversario de la revolución sandinista: “Aquí no volverá a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder… Aquí se acabó la historia que los partidos puestos por los yankees, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno. Jamás, jamás, jamás”. Frente a esto, ya La Asamblea Nacional busca las reformas para abolir las elecciones que su Jefe ha pedido.

Mientras tanto, ya iniciaron las protestas internacionales. Costa Rica, Estados Unidos, Panamá, Guatemala, República Dominicana, Chile, Brasil y Bolivia ya rechazaron estas declaraciones, aunque por supuesto, México, no ha dicho nada al respecto.

A estas protestas ya se han sumado la OEA y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Afortunadamente, los Estados Unidos, en voz del Secretario Marco Rubio ha dicho que: “no se quedarán de brazos cruzados mientras la dictadura (...) profundiza la represión y fabrica inestabilidad que amenaza la seguridad nacional”.

Ojalá que la presión internacional impida que Ortega y su mujer eliminen cualquier asomo de democracia que aún le queda a Nicaragua.

  • *- El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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