El peligroso tratado McLane-Ocampo
“Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores.” Francesco Petrarca

Después del tristemente célebre Tratado de Guadalupe Hidalgo, de 1848, firmado por México y los Estados Unidos para poner fin a la Intervención estadounidense y que obligó a nuestro país a ceder más de la mitad de nuestro territorio, que estaba compuesto por los estados de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Nevada, Utah y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, además de renunciar a cualquier reclamo sobre Texas y todo a cambio de una compensación de los Estados Unidos por 15 millones de dólares por daños al territorio mexicano durante la guerra. Después de ello, vendría otro golpe que pudo ser desastroso para México. El Tratado McLane-Ocampo
Este nuevo tratado se celebró en 1859 y fue un acuerdo entre los Estados Unidos y el gobierno liberal de México, encabezado por Benito Juárez y firmado en el puerto de Veracruz. Este tratado concedió a Estados Unidos y a sus ciudadanos, derechos perpetuos de tránsito, militares y otros derechos extraterritoriales sobre nuestro suelo mexicano y creo gran controversia pues para México, fue visto como una traición al país al ceder nuestra soberanía a Estados Unidos, esto, después de que ya habíamos perdido, 10 años antes, gran parte de nuestro territorio, sin embargo el interés de Juárez era contar con recursos económicos para combatir a los conservadores.
Este peligroso tratado daba derecho permanente de libre tránsito para que los norteamericanos se desplazaran a su antojo por el istmo de Tehuantepec, por un pago de cuatro millones de dólares, desde el puerto de Tehuantepec en el sur, hasta Coatzacoalcos en el Golfo de México, y establecía la obligación al gobierno mexicano de emplear fuerzas militares para la seguridad de las personas que transitasen por el mismo. Asimismo, otorgaba derecho permanente de tránsito a favor del vecino país del norte, desde la ciudad de Guaymas hasta el Rancho de Nogales u otro punto conveniente de la frontera entre la República de México y los Estados Unidos, además del derecho de tránsito desde los Estados Unidos a las ciudades de Camargo y Matamoros, así como cualquier sitio de la frontera de Tamaulipas, vía Monterrey, hasta Mazatlán.
La opinión pública de ese tiempo, especialmente en Europa, expresaron su asombro ante la magnitud de las concesiones que se habían hecho y se decía que este tratado convertiría a México en un protectorado de los Estados Unidos.
Afortunadamente, el Senado de los Estados Unidos rechazó la ratificación de este tratado en 1860 gracias a que los norteamericanos se preparaban para la Guerra de Secesión que arrancaría formalmente en 1861 y culminaría en 1865, escenario de gran preocupación ante el eventual riesgo de dividir su país entre esclavistas y antiesclavistas.
De no haber ocurrido esta guerra, este tratado hubiera implicado que nos hubiéramos convertido en un territorio de los Estados Unidos.
Al final, este intento de regalar al país, le sirvió al gobierno de Juárez, para ser reconocido por los norteamericanos, contar con algo de armamento y recursos económicos para derrotar a los conservadores y al Emperador Maximiliano.
No cabe duda que México es noble, se levanta a pesar de tantos traidores.
- *- El autor es asesor empresarial en cabildeo.
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