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¿Es Morena la alternativa?

Estamos a nada de comenzar formalmente la campaña a los puestos de elección popular en Baja California. Los funcionarios electos siempre atentos a incrementar sus propios beneficios, están preparados para abrirse y dejar el compromiso que les fue otorgado en las anteriores elecciones, por el electorado.

José Roberto  Vázquez

Estamos a nada de comenzar formalmente la campaña a los puestos de elección popular en Baja California. Los funcionarios electos siempre atentos a incrementar sus propios beneficios, están preparados para abrirse y dejar el compromiso que les fue otorgado en las anteriores elecciones, por el electorado. Juraron formalmente cumplir y hacer cumplir las leyes que nos rigen, sin embargo, desde el primer momento en que asumieron sus cargos, ya tenían planeado dimitir para subirse a las campañas y competir por un puesto de más alto nivel, que los conduzca a su siguiente zona de confort, y así seguirá siendo, dado el escaso interés en beneficiar a los ciudadanos, contra la búsqueda implacable de sus intereses personales. No existe nada más falso que una persona tratando de hacerse pasar por honesto y responsable, cuando deja, irresponsablemente, un compromiso contraído en las urnas, por la ambición de más poder y dinero. Los miembros de Morena no están al margen de este fenómeno chapulinezco. Por el contrario, son sus principales impulsores, dada su calidad de primordial fuerza político-partidaria en el poder.

Se puede fácilmente asegurar que los partidos que han llegado al poder, no se diferencian en nada de los anteriores. Tienen algunas cosas en las cuales son innovadores, pero en lo fundamental, son idénticos. Una ves que logran su cometido, adoptan las malas actitudes y comienzan a realizar sus actos de gobierno con la mira en quienes han sido sus seguidores. Aunque hubieran ganado por abrumadora mayoría, su forma de pensar mezquina solo mira al grupo selecto que los ha seguido siempre, y a partir de allí, gobiernan. El sistema jurídico que nos rige y nos convierte en nación, se modifica y adapta a las circunstancias y a los grupos que apoyan al partido en el poder, y, desde allí comienzan los abusos, las prebendas, los golpes, las injusticias y el alargamiento de las leyes hasta hacerles perder el poder, para ajustarlas a las circunstancias que las hacen endebles. La justicia pierde sus linderos y se abre para permitir que las ilegalidades aparezcan.

Morena en el poder no es un partido diferente, sino más de lo mismo. Tiene, si no idénticos niveles de corrupción, en algunas áreas ésta es más alta. En el más obvio de los sectores de más movilidad y dinamismo, el de la justicia, la violencia, la delincuencia y el trasiego de sustancias prohibidas, la corrupción ni ha bajado ni tiene la más mínima tendencia a siquiera disminuir. Conforma, además, la característica del innovador funcionario inmiscuido con el crimen organizado y el narcotráfico, y su pertenencia al primer nivel de los funcionarios en el poder. Ahora sí, y gracias a las denuncias hechas por el sistema de justicia de los Estados Unidos, funcionarios de primer nivel han estado siendo denunciados y perseguidos. Morena en el poder es el partido con funcionarios señalados de corrupción, a los cuales no se les han seguido procesos judiciales para determinar sus culpabilidades. Además, no se mira que exista un interés genuino por cambiar las tendencias hacia la comisión de delitos. Sujetos integrantes del Congreso de la República, las Cámaras de Diputados y Senadores, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, los Congresos locales, etcétera, han sido denunciados por delitos mayores y hasta por faltas administrativas de alguno de sus integrantes. El haber sido electos o nominados a puestos importantes no les ha impedido cometer abusos de poder o violar las leyes. Pareciera, más bien, que sus compromisos de trabajo los ha motivado para poner a prueba el poder que detentan. Ya no existe el orgullo de pertenencia ni el honor de ser uno de los más aptos para desarrollar legítimamente sus obligaciones. Eso esta olvidado. No existe. No es un valor perseguible. Vale.

*El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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