La IA ya está borrando vacantes en Tijuana (y nadie las ve)
La inteligencia artificial no traerá ni el paraíso ni el apocalipsis laboral: traerá lo que decidamos construir con ella.

La inteligencia artificial no traerá ni el paraíso ni el apocalipsis laboral: traerá lo que decidamos construir con ella. Esa es la conclusión central de una mesa redonda publicada por The New York Times entre cuatro expertos que rara vez coinciden: el Nobel de Economía Daron Acemoglu (MIT), el profesor de Wharton Ethan Mollick, la exejecutiva de IA de Salesforce y Meta, Clara Shih, y Dean Ball, exasesor de la Casa Blanca en materia tecnológica. Para Tijuana, que vive de su fuerza laboral joven y de su integración con California, las implicaciones son inmediatas.
Primera lección: los empleos de entrada son los más expuestos. Shih lo ilustra con personajes hipotéticos: la ajustadora de seguros cuyo trabajo de aprobaciones puede hacerlo un agente de IA más barato y con mejor detección de fraudes, o el trotamundos del volante, uno de los 3.5 millones de traileros estadounidenses cuyo sustento depende de que la tecnología de conducción autónoma no supere las barreras regulatorias. Consultoría, mercadotecnia, servicio al cliente, trabajo legal y administrativo de nivel inicial: ahí está el riesgo concentrado. Quien hoy estudia una carrera de oficina debe saberlo.
Segunda lección: la transformación será gradual, pero acumulativa. Ball advierte que cada día se sentirá normal, con pequeñas automatizaciones en los márgenes, hasta que en diez o quince años volteemos y todo habrá cambiado. No habrá un lunes del desempleo masivo; habrá una erosión silenciosa de vacantes que nunca se publican.
Tercera lección: la IA premia a quien la domina y castiga a quien la ignora. Shih describe un mercado laboral de dos velocidades: los jóvenes que entienden cómo funcionan los agentes de IA consiguen el empleo que quieren; los que no, ven desaparecer las vacantes de entrada. Su receta: que todo universitario desarrolle un proyecto propio de principio a fin, para conocer los límites reales de estos modelos. Mollick agrega un matiz preocupante: la experiencia adquirida en el campo laboral es lo que permite evaluar el trabajo ajeno —humano o artificial—, y justamente esa experiencia es la que los jóvenes ya no podrán acumular si la IA se queda con las tareas básicas.
Cuarta lección, y la más relevante para nuestra región: los cuellos de botella están en manufactura, salud y educación. Acemoglu señala que Estados Unidos va detrás de China en aplicar IA a la manufactura, y que cada paso de automatización exige enormes servicios de ingeniería. Para la ZMT, donde la industria maquiladora emplea a cientos de miles de personas, esto es oportunidad y amenaza a la vez: la región que forme técnicos, electricistas e ingenieros capaces de integrar IA en planta capturará la siguiente ola del nearshoring. La que no, la verá pasar.
¿Qué hacer? Tres apuestas locales: primero, vincular universidades y empresas para rediseñar el aprendizaje profesional, porque el viejo modelo de aprendiz —hacer el trabajo rutinario mientras se aprende— está colapsando. Segundo, apostar por los oficios técnicos potenciados con IA: un electricista novato con la herramienta correcta puede multiplicar su productividad. Tercero, “medir lo que esta pasando”, sin datos sobre cómo la IA está cambiando el empleo fronterizo, cualquier política pública será un tiro en la oscuridad.
Shih se define como optimista condicional: hay intervenciones posibles, pero la ventana se cierra. Coincido. El futuro del trabajo en Tijuana no lo decidirá un algoritmo; lo decidiremos nosotros, si actuamos a tiempo.
*- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.
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