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Del aula a la vida real

En el marco del Día del Estudiante, vale la pena detenernos a reflexionar sobre una de las agendas más importantes para el futuro de Baja California: la vinculación entre educación y sector productivo.

Elisa Ibáñez

En el marco del Día del Estudiante, vale la pena detenernos a reflexionar sobre una de las agendas más importantes para el futuro de Baja California: la vinculación entre educación y sector productivo.

Nuestra región vive un momento extraordinario. Baja California se ha consolidado como un polo estratégico de manufactura avanzada, dispositivos médicos, tecnología, logística transfronteriza e industrias creativas. Somos parte de una dinámica Cali-Baja profundamente integrada a cadenas globales de valor y eso exige algo fundamental: talento preparado para responder a un entorno que cambia cada vez más rápido.

Desde el sector empresarial no esperamos profesionistas “terminados”. Esperamos jóvenes con disposición para aprender, integrarse a equipos de trabajo, adaptarse y construir soluciones. El título universitario sigue siendo importante, pero hoy representa el inicio del camino profesional, no su conclusión.

Por eso, cada vez valoramos más habilidades que antes parecían secundarias: comunicación efectiva, pensamiento crítico, colaboración, manejo de herramientas digitales e inteligencia artificial, capacidad para recibir retroalimentación y madurez emocional para enfrentar presión y cambios constantes. El mercado laboral contemporáneo premia a quienes aprenden de manera permanente.

También debemos reconocer que aún existen brechas importantes entre el aula y la realidad laboral. Muchos jóvenes egresan sin experiencia práctica suficiente o sin haber desarrollado habilidades blandas esenciales para integrarse rápidamente a una organización. Y eso no es responsabilidad exclusiva de las universidades ni de los estudiantes: es una responsabilidad compartida.

En ese sentido, la vinculación educativa no puede quedarse en palabras. Necesitamos construir puentes reales entre empresas y academia. Abrir espacios de prácticas profesionales de calidad, fortalecer los modelos de educación dual, actualizar planes de estudio junto con el sector productivo e impulsar certificaciones alineadas a estándares internacionales.

Un ejemplo muy claro es el crecimiento de la industria de servicios médicos y turismo de salud en Tijuana, que ha impulsado el fortalecimiento de programas académicos de excelencia como la Facultad de Odontología de la UABC, hoy reconocida entre las más importantes del país.

Afortunadamente, en Coparmex Tijuana, a través de nuestra Comisión de Educación a cargo del Maestro Antonio Carrillo Vilches, mantenemos un diálogo permanente con universidades públicas y privadas para identificar las vocaciones estratégicas de la región y orientar la formación hacia ellas.

Sin embargo, debemos acelerar el paso. La velocidad con la que evolucionan la tecnología y la inteligencia artificial exige una coordinación más ágil entre empresas y universidades. No basta con observar el cambio; debemos construir juntos las capacidades que nuestra región necesitará en los próximos años.

Invertir en nuestros estudiantes es invertir en el futuro económico y social de Baja California. Y esa tarea solo puede lograrse trabajando unidos.

*- La autora es contadora pública certificada y presidenta de Coparmex Tijuana.

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