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Horror familiar

Hokum: La maldición de la bruja / Undertone: Frecuencia maldita.

Manuel  Ríos Sarabia

Traumas de la infancia, culpa, fantasmas, brujas. Entre el diverso repertorio de elementos que conforman el cine de terror, este mes, encontramos en cartelera dos cintas que superficialmente son distintas, pero en esencia prácticamente idénticas.

Damian McCarthy, el director irlandés, que nos brindó la excelente Oddity, regresa para superarse a sí mismo con otro relato que entrelaza el terror psicológico con lo paranormal.

Ohm Bauman (Adam Scott) es un detestable escritor de novelas de horror que no encuentra la forma de concluir su más reciente libro. Atormentado por el fantasma de su madre, a quien no logra sacar de su mente, viaja a Irlanda para esparcir las cenizas de sus padres en el lugar donde pasaron felices su luna de miel. Preguntando por la suite nupcial, Ohm es informado que está cerrada debido a la bruja que habita en ella.

Tras intercambiar algunas palabras con Fiona, la camarera del bar, Ohm se retira a su habitación. Varios días más tarde, al regresar al hotel, después de recuperarse de un accidente, del cual salió ileso gracias a Fiona, Ohm pregunta por ella, sólo para enterarse que está desaparecida.

Al escuchar la noticia, el escritor se propone localizarla a toda costa, y el primer lugar donde decide buscar es en la suite nupcial “maldita”. Ohm se embarca en una aterradora experiencia que dura la noche entera, pero lo peor no es el encuentro con la bruja, sino la revelación de los demonios que ha cargado en su interior desde la infancia. La muerte de su madre no fue el accidente del que siempre se convenció a sí mismo, el maltrato y desprecio que recibió de su padre no fue una consecuencia del abuso de alcohol. Había algo más.

A diferencia de Hokum, el terror de Undertone no surge de un personaje sobrenatural. Al director, Ian Tuason, sólo le basta con dos actrices dentro de una casa, una de ellas en perpetuo estado catatónico.

Evy (Nina Kiri) es una joven podcaster que ha regresado a casa para cuidar de su madre convaleciente, quien está postrada en cama, y requiere del cuidado total de su hija. El único momento en que Evy se despega de sus deberes es por las noches, cuando graba a distancia, con su amigo Justin (Adam DiMarco), de quien únicamente escuchamos la voz. En su podcast Undertone, Justin y Evy hablan sobre actividad paranormal. Para el nuevo episodio han recibido una serie de grabaciones extrañas que encierran un secreto, el cual irán escuchando junto a su público, conforme abran los archivos al aire.

La naturaleza del material hace de la película una experiencia auditiva, en la que es indispensable aguzar el oído para poder percibir los mensajes ocultos en cada una de las grabaciones. Cada vez que Evy se pone los audífonos para grabar, el espectador también se sumerge en el microcosmos auditivo sobrenatural.

Cuando Evy descubre que está embarazada, el misterio se va entretejiendo con canciones de cuna en reversa, maldiciones de mujeres que mataron a sus hijos y la amenaza que representa escuchar hasta la última grabación maldita.

Como en el caso de Hokum, Undertone no es sobre lo que está en la superficie, el terror nace de todo lo que pasa por la mente de Evy, y se alimenta de lo externo para crecer. Las grabaciones sólo son una válvula de escape para que estalle lo que la rodea en la casa, imágenes religiosas, crucifijos, dibujos macabros, pinturas de Jesucristo, y sobre todo la insoportable sombra proyectada por la inminente muerte de su madre.

Las dos cintas, logran inquietar insidiosamente. La tortura de la culpabilidad es su corazón latente.

De verse estrictamente en una sala completamente vacía. No se arrepentirán… o quizá sí.

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