Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas /

Una autopista urbana muy cara

En Tijuana, calcular cuánto tiempo te va a tomar un traslado ya es casi un acto de fe.

Pepe  Avelar

En Tijuana, calcular cuánto tiempo te va a tomar un traslado ya es casi un acto de fe.

En una ciudad donde salir a tiempo ya no depende de la hora sino de la suerte, cualquier proyecto que prometa mejorar la movilidad genera esperanza. El nuevo viaducto elevado SUBE-T, que conectaría el distribuidor Morelos con Otay, entra justo en esa categoría: una obra que, en el papel, suena a solución.

La idea es simple: una vía rápida, sin semáforos, que permita cruzar buena parte de la ciudad en menos tiempo. Para quien pasa horas atrapado en el tráfico todos los días, eso no es un lujo, es una necesidad.

El problema empieza cuando esa “solución” tiene precio.

Las tarifas que se han mencionado — entre 11 y 12 pesos por kilómetro— no son menores. Al compararlas con otras referencias, llaman la atención. En la Ciudad de México, por ejemplo, hay segundos pisos y vialidades de cuota que, en proporción, resultan más accesibles. Incluso carreteras operadas por CAPUFE, que recorren largas distancias, suelen manejar costos más bajos por kilómetro.

Y si cruzamos la frontera, el referente inevitable es la State Route 125 en Chula Vista. Una autopista conocida por ser cara, incluso para estándares estadounidenses. Aun así, el costo proyectado de SUBE-T no queda tan lejos.

Pero más allá de comparaciones, lo importante es aterrizarlo a la vida real. ¿Qué significa eso en el día a día?

Significa que una persona que use esta vialidad de forma constante podría terminar pagando entre 6,000 y 6,500 pesos al mes. En una ciudad donde ganar 25,000 pesos ya es considerado un buen ingreso, el número pesa.

Entonces la pregunta cambia: ya no es si la obra es moderna o eficiente, sino quién la va a poder usar.

Porque si la mayoría no puede pagarla, SUBE-T no va a desahogar el tráfico de la ciudad. Va a ofrecer una alternativa rápida, pero solo para algunos. Y eso, aunque no invalida el proyecto, sí redefine su alcance.

Hay otro elemento que vale la pena poner sobre la mesa. El proyecto se ha presentado destacando el monto de inversión como si se tratara de un logro público, cuando en realidad se trata de una obra concesionada, financiada por capital privado. No es un detalle menor: quien invierte espera recuperar, y hacerlo con utilidad. Eso ayuda a explicar por qué las tarifas terminan siendo tan altas.

Tal vez el beneficio más importante no esté arriba, sino abajo: en las vialidades que se reordenen, en el transporte público que se mejore, en los ajustes que se hagan para quienes seguirán moviéndose por las rutas de siempre.

Ahí es donde debería estar puesta la atención. Porque si esas mejoras no llegan, o se quedan cortas, el resultado será claro: infraestructura de primer nivel para una minoría, mientras la mayoría sigue atrapada en el mismo tráfico.

Tijuana no solo necesita moverse más rápido. Necesita moverse mejor… y que eso sea posible para todos.

Porque si moverse rápido se vuelve un privilegio, entonces el problema de fondo sigue ahí: una ciudad donde el tiempo vale distinto según quién lo pueda pagar.

  • *- El autor es un opinólogo tijuanense enamorado de su ciudad.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí