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La carrera energética que México está perdiendo

La carrera global por el dominio de la inteligencia artificial está generando una consecuencia que pocos anticiparon: una presión sin precedentes sobre los sistemas eléctricos mundiales.

Ismael  Plascencia López

La carrera global por el dominio de la inteligencia artificial está generando una consecuencia que pocos anticiparon: una presión sin precedentes sobre los sistemas eléctricos mundiales. Los centros de datos que entrenan y operan los modelos de IA, se han convertido en colosos energéticos cuyo apetito encarece la electricidad para todos.

Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo eléctrico global de centros de datos alcanzó 415 teravatios-hora en 2024, equivalente al 1.5% del consumo mundial. Para 2030, esta cifra se duplicará hasta alcanzar 945 TWh, lo que equivale a todo el eléctrico actual de Japón. El crecimiento proyectado es de 15% anual, cuatro veces más rápido que el crecimiento del consumo eléctrico de todos los demás sectores combinados.

EEUU concentra el 45% de este consumo, seguido por China con 25%. En territorio estadounidense, los centros de datos representarán casi la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica hacia 2030. Al final de esta década, EEUU consumirá más electricidad para procesar datos que para producir todo su aluminio, acero, cemento y productos químicos juntos.

Las consecuencias para el bolsillo de los consumidores ya son tangibles. Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon estima que los centros de datos y la minería de criptomonedas podrían incrementar la factura eléctrica promedio estadounidense en 8% para 2030, superando el 25% en mercados de alta demanda como Virginia. En el mercado eléctrico PJM, que abastece desde Illinois hasta Carolina del Norte, los centros de datos generaron un incremento de 9,300 millones de dólares en el mercado de capacidad, traducidos en aumentos mensuales de 16 a 18 dólares por hogar.

Este escenario representa una oportunidad extraordinaria para Baja California, ya que posee un potencial estimado de 6,550 megavatios en energía solar y 3,495 megavatios en energía eólica, según análisis especializados. La irradiación solar en la región alcanza entre 1,600 y 2,250 kWh por metro cuadrado al año, comparable con las mejores ubicaciones del mundo como el norte de África o Chile. Las velocidades de viento superan los 6 metros por segundo, colocando a Baja California entre las tres regiones con mayor potencial eólico junto con Oaxaca y Tamaulipas.

La desconexión de nuestra red eléctrica del sistema nacional, tradicionalmente vista como limitante, podría convertirse en ventaja competitiva: un sistema más ágil, capaz de responder a la demanda industrial de energía limpia que las grandes tecnológicas requieren para sus operaciones.

La oportunidad exige una política industrial decidida. Primero, acelerar los permisos para proyectos de generación distribuida que hoy representan el 98% de la capacidad solar instalada a pequeña escala. Segundo, desarrollar la infraestructura de transmisión que conecte las zonas de potencial renovable con los centros de consumo industrial. Tercero, explorar el potencial de energía mareomotriz en nuestros 1,555 kilómetros de litoral, un recurso prácticamente inexplorado. Cuarto, posicionar a Baja California como destino para centros de datos que demandan energía limpia, aprovechando nuestra proximidad con California y su mercado tecnológico.

Las grandes tecnológicas están invirtiendo medio billón de dólares en nueva infraestructura de centros de datos. Microsoft, Meta y Google firman acuerdos para asegurar energía nuclear y renovable. Esta demanda no desaparecerá; se intensificará. La pregunta para Baja California no es si queremos participar en esta transformación energética, sino si tendremos la visión para capitalizar nuestras ventajas naturales antes de que otros lo hagan.

El sol y el viento del desierto bajacaliforniano podrían iluminar el futuro de la inteligencia artificial. Solo falta la política industrial que lo haga posible.

  • *- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.

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