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¿Para eso le alcanzó a la presidenta?

El apetito del verano se enfrió en otoño. Lo que parecía una embestida de la presidenta Sheinbaum para sacudirse a una de las figuras icónicas de la corrupción en Morena se fue descafeinando con el paso de los meses.

Carlos Loret de Mola

El apetito del verano se enfrió en otoño. Lo que parecía una embestida de la presidenta Sheinbaum para sacudirse a una de las figuras icónicas de la corrupción en Morena se fue descafeinando con el paso de los meses. Lo que se leía como una suave, pero firme señal de rompimiento con las viejas prácticas del pasado —el pasado de corrupción obradorista— se topó con el muro de la realidad política. A la presidenta no le alcanzó.

Cuando parecía que con los expedienLa tes de La Barredora y el Huachicol Fiscal la doctora Sheinbaum arrasaría con el poderosísimo Adán Augusto López, quien la desafió una y otra vez, la presidenta reculó. ¿Para qué le alcanzó? Para muy poco. Tuvo que usar la presión de Estados Unidos para apenas remover de su silla al que caminaba desplegando su plumaje en plan dueño del Senado:

Adán Augusto ya no es coordinador de los senadores de Morena, pero quien entró en su lugar no es un claudista (los dos coordinadores legislativos de Morena son los que tenía AMLO en su gobierno). Los puestos del Senado que nombró Adán Augusto permanecerán intactos, lo mismo las comisiones y las direcciones. Los contratos que repartió entre sus amigos están vivos y ya sentado en su curul de senador común y corriente, a Adán Augusto sí le alcanzó para presumir que Andrea Chávez será candidata de Morena al gobierno de Chihuahua y que él sigue siendo “hermano” de López Obrador.

Con la misma soberbia que antes, Adán Augusto López siguió desafiando a la presidenta. El hombre que cuando en el verano su nombre apareció en los expedientes de la FGR se quejó diciendo que “ahora resulta que el pato mayor le tira a las escopetas” (lo que se interpretó como un abierto desafío a la presidenta), se retiró de la coordinación de la bancada oficialista declarando que para su salida “yo platiqué con quién tenía que platicar estas cosas”.

Si el pacto fue impunidad por coordipara nación, el arreglo es pírrico para la presidenta. Se sacude a un rival, lo debilita políticamente, pero puede resultar electoralmente alto el costo de un Adán Augusto pavoneándose, sabedor de que no le cerraron las fuentes de financiamiento ni los espacios políticos para su grupo. Y vuelve a dejar el aroma de que por más que pasen los meses, la presidenta sigue sin tomar del todo las riendas del poder. Le ha tocado pagar un montón de facturas ajenas y no se anima a cobrárselas — ni tantito— al que realmente hizo el gasto.

Me pregunto si llegaremos al año siete mirando hacia atrás y diciendo: nunca pudo zafarse de la sombra de Andrés Manuel. Sería una lástima.

SACIAMORBOS

Salvo que Estados Unidos no se conforme con este arreglo, y quiera más.

*- El autor es periodista y conductor de radio, televisión y medios digitales.

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