Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas /

El despertar de la contadora ¡Ayuda!

Dir. Sam Raimi

Manuel  Ríos Sarabia

Han pasado diecisiete años desde la última cinta original de Sam Raimi, Arrástrame al infierno, y el maestro vuelve como si no hubiese pasado un solo día.

Linda Liddle (Rachel McAdams divirtiéndose como nunca) es una introvertida y torpe contadora del departamento de estrategia y planeación, en su tiempo libre es aficionada al survivalismo. Después de siete años de trabajo, su excelencia en el puesto le ameritó una promesa de ascenso a vicepresidente por parte del fundador de la compañía. Sin embargo, tras la muerte del empresario, su hijo Bradley Preston (Dylan O’Brien), un tirano con personalidad de bully de secundaria, ha tomado el puesto de CEO. Sus superficiales intereses están divididos entre su prometida y jugar al golf con su ex compañero de universidad, otro ejecutivo misógino y abusivo, como él, al cual le otorga el puesto prometido a Linda.

Para explotar su capacidad y conocimientos, los ejecutivos incluyen a Linda en un viaje de negocios a Tailandia. Durante el vuelo la pandilla de “bros” corporativos se divierte burlándose de una audición de Linda para un programa tipo Survivor, que encontraron en línea. El vuelo sufre una explosión y cae al mar. Los únicos sobrevivientes son Dylan y Linda.

Aquí comienza lo que se puede sintetizar como un remake de El triángulo de la tristeza (Ruben Ostlund, 2022) pero en versión looney tunes/gore, o lo que es lo mismo 100% Sam Raimi clásico.

Los conocimientos de supervivencia de Linda y la total inutilidad de oficinista alfa de Bradley invierten los papeles instantáneamente. Lo que sigue es una lucha por sobrevivir ilustrada a través de una serie de secuencias que podríamos llamar, los grandes éxitos de Sam Raimi. Frenéticos movimientos de cámara, litros de sangre y líquidos corporales, intempestivos sobresaltos, y la comedia física de los tres chiflados.

La interacción, entre un herido Bradley y una sorprendentemente capacitada para sobrevivir Linda, inicia con ella atendiendo todas las necesidades de ambos, desde la construcción de refugio hasta la recolección de agua, pasando por una descacharrante cacería de jabalí y la creación de fuego para cocerlo.

La relación entre los otrora jefe y empleada es invertida totalmente, lo cual resulta insostenible para la personalidad narcisista de Bradley. Sin embargo, Linda establece firmemente quien manda en la nueva situación, recordándole que ya no están en la oficina.

Después de un par de semanas de convivencia, en una escena que vira el tono de la cinta por un momento hacia el melodrama, el par de náufragos, estimulados por fruta fermentada, entablan una conversación en que, confesiones íntimas sobre sus experiencias personales, salen a flote. Sus pasados individuales explican el carácter retorcido de Bradley y la tendencia que tiene Linda de caer en relaciones de abuso. Esto los lleva a formar un tenue vínculo traumático que complica aún más su relación.

A diferencia de sus superproducciones previas (El Hombre Araña, Doctor Strange), el presupuesto relativamente bajo, recrea de cierta forma la sensación de los orígenes independientes de Raimi, y a pesar de secuencias con CGI bastante rastrero, logra entregar su acostumbrada montaña rusa de emociones, con subidas sanguinarias y bajadas repletas de carcajadas, que por momentos se vuelven indisociables una de otra.

Quizá lo más inesperado de la cinta es que se trate de la versión (más) pop de una ganadora de la Palma de oro de Cannes. Pero si se trata de satirizar al privilegio, el abuso corporativo y el resentimiento social, un poco (o mucho) del enloquecido y viscoso humor de Sam Raimi, nunca está de más. Y en este caso, el maestro del género hace estallar todos los cilindros, en una comedia de horror que, aunque resulta predecible, es divertida de principio a fin.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí